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LOS PAISAJES AGRARIOS ESPAÑOLES

LOS PAISAJES AGRARIOS.

1.- INTRODUCCIÓN.

            Los paisajes agrarios se ocupan de los elementos más visibles y perdurables del medio rural. Éste ha sido sometido a intensas transformaciones en las últimas décadas,  tanto por motivos internos (desarrollismo) como por factores externos (relacionados con la incorporación de España ala CEEen 1986 y con la mayor articulación de nuestra agricultura al mercado mundial y la globalización). Sin embargo, estos cambios no han afectado por igual ni a todos los sectores agrarios ni a todos los ámbitos geográficos de tal forma que, aún hoy, principios del siglo XXI se percibe un dualismo entre aquellos sectores más dinámicos, más modernizados y capaces de adaptarse mejor a las exigencias del mercado y aquellos otros sectores de rasgos arcaizantes que conforman espacios agrarios residuales, de importancia económica marginal.

            Aún así los factores de orden físico y natural explican la concordancia entre regiones naturales y determinados espacios agrarios. Por esta razón se diferencian, a grandes rasgos, dos Españas agroclimáticas: una España húmeda -oceánica, atlántica- de orientación ganadera-forestal y cultivos escasos y una España seca –mediterránea o de interior- de orientación cerealista aunque cada vez con mayor presencia de los regadíos y con extensos cultivos arbóreos, fundamentalmente vid y olivo (conformando así la “trilogía mediterránea”: cereales, vid y olivo). Al ser tan extensa, esta España seca ofrece marcadas diferencias entre el interior y el litoral. El archipiélago canario es, una vez más, un caso aparte.

2.- LOS PAISAJES AGRARIOS DELA ESPAÑA HÚMEDA.

            Incluyen las comunidades litorales de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco así como el norte de Navarra y algunas zonas de la montaña fresca-húmeda (aunque con numerosos matices).

            En primer lugar hay que tener en cuenta la influencia que los factores físicos y naturales tienen sobre el espacio agrario pues  en un medio montañoso como en el que nos encontramos los cultivos están limitados. Además el medio montañoso refuerza las lluvias (precipitaciones orográficas)  y la cercanía del océano suaviza las temperaturas. En consecuencia el primer rasgo de estos dominios es la primacía del binomio prado/bosque (70%) frente a los cultivos (30%).

La primacía de la ganadería enla PFA(Producción Final Agraria) es un hecho. Es, por otra parte, una ganadería con una alta especialización, sobre todo desde que, a finales del siglo XIX, se introdujesen razas lecheras. Problemas como la cuota láctea y la necesidad de abrirse a nuevos mercados explican hoy el avance de las razas autóctonas para la producción de carne. Con este panorama la mayor parte de los cultivos están orientados a la ganadería (maíz) y sólo una pequeña parte al autoconsumo familiar (hortalizas, patata).

Desde el punto de vista humano lo más llamativo es el predominio del poblamiento disperso cuya expresión máxima es el caserío vasco y las unidades de habitación que conforman las aldeas gallegas o asturianas (donde aún perviven el hórreo y la panera). La propiedad está muy dividida y se traduce en una atomización del parcelario que desde el punto de vista paisajístico da lugar a un paisaje de bocage o campos cerrados, separados unos de otros por setos naturales, de piedra, alambre o mixtos. El parcelario conforma la perfecta simbiosis entre el prado (de siega o de diente) y el monte. Al contrario de lo que puede parecer a simple vista (dada su apariencia natural) son paisajes muy humanizados aunque ese aspecto de rusticidad se ve realzado por la menor presencia de materiales urbanos y maquinaria ya que la mecanización aquí entraña más dificultades.

            Así otro rasgo que define bien estos dominios es la pervivencia de numerosos arcaísmos tanto desde el punto de vista jurídico como desde el punto de vista material. Siguen siendo numerosas las explotaciones infradimensionadas, mal equipadas, y también numerosos los policultivos de subsistencia orientados aún al consumo familiar o si acaso, los escasos excedentes, orientados al mercado comarcal.

            Si en Galicia sigue dominando el policultivo, Asturias y Cantabria expresan hoy la modernización y la especialización ganadera pues es un hecho la incorporación cada vez mayor de este sector de la ganadería láctea a los circuitos comerciales. Sólo estas 2 comunidades disponían en el año 2010 del 15% de la cabaña láctea y producían el 20% del total de leche de nuestro país. Y esto a pesar de la cuota láctea impuesta desdela Unión Europea.Es la ganadería láctea más competitiva porque dispone de pastos frescos la mayor parte del año pero también porque las explotaciones se han hecho más grandes, se han mejorado los equipos y se han saneado los establos. La estabulación del ganado implica un complemento alimenticio (piensos, alfalfa, forrajes) y un seguimiento zoosanitario permanente.

            En el País Vasco el panorama es similar pero allí la actividad forestal cobra mayor importancia. A pesar de ser el dominio de las frondosas caducifolias (donde el haya, el castaño, el fresno y -en menor medida- el roble se explotan económicamente) las especies de crecimiento rápido como algunos pinos y el eucalipto han cobrado una gran extensión. Sin embargo, y aunque sea extensa la producción forestal, ésta no garantiza las demandas de madera del país y así se importan en España tanto maderas tropicales como coníferas del norte de Europa.

            Señalar finalmente el caso de Álava pues constituye una especie de isla de agricultura mediterránea de interior (Rioja alavesa) donde dominan los cereales y las leñosas como la vid. Además de los vinos dela Riojaalavesa tienen también cierto interés los vinos gallegos de Ribeiro y  Rías Baixas.

            Una última particularidad tiene que ver con el empleo femenino y la agricultura a tiempo parcial presente en aquellos lugares cercanos a las grandes ciudades, centros industriales, mineros y portuarios. Y es que aquí muchas veces la titular de la explotación suele ser la mujer mientras el hombre trabaja fuera y la agricultura no deja de ser para ellos una actividad a tiempo parcial.

3.- LOS PAISAJES AGRARIOS DELA ESPAÑA INTERIOR.

            Al ser este el dominio más extenso, las diferencias físicas y humanas son muy apreciables aunque son más los elementos comunes. Se incluyen las comunidades dela Meseta,la Rioja, Aragón, Extremadura,  el sur de Navarra  y el interior de Andalucía.

            Desde el punto de vista físico, dada su situación interior (rasgos de  continentalidad sobre todo en las tierras altas dela Meseta), la escasez de precipitaciones (cuando no la ausencia prolongada) y los rigores  del frío (por el peligro que suponen las heladas tardías) constituyen los dos factores que más condicionan y limitan  las actividades agrarias.

Sin embargo en los últimos 50 años el desarrollo de las infraestructuras hidráulicas ha propiciado la extensión del regadío (pero no del tradicional, sino de aquellos orientados a la industria y la ganadería: remolacha, girasol, maíz…); éste y el secano, con su inseparable barbecho conforman el peculiar paisaje de campos abiertos u openfield.

            Estos condicionantes explican la escasa diversificación de cultivos pues, salvo en algunos valles y vegas fértiles, la mayor parte de la superficie se dedica a los cereales, el barbecho, los cultivos industriales y los cultivos leñosos (olivo, vid y, en algunos casos, frutales).

            Como elementos humanos más destacados en estos paisajes hay que destacar el absoluto predominio del poblamiento concentrado, con núcleos tanto mayores cuanto más al Sur nos encontremos, núcleos que llegan a ser tan grandes que muchas veces conforman agro-ciudades. Es además el espacio que sufrió un mayor vaciado demográfico inherente a todo el proceso industrializador. Este éxodo rural supuso la reorganización de las explotaciones agro-ganaderas que se hicieron más grandes, se recapitalizaron y se intensificaron al incorporar a éstas actividades un mayor número de insumos.

            Es también el espacio donde más numerosa es la población activa agraria (porcentaje mayor cuanto más pequeño es el núcleo de población) pues por término medio la población agraria que en estas comunidades se sigue dedicando a las actividades agropecuarias se sitúa en torno al 10% (frente al 5% de la media nacional). Evidentemente con la excepción de Madrid.

            Desde el punto de vista jurídico, en lo que a la tenencia de la tierra se refiere, la mayoría de los agricultores son propietarios de explotaciones que se hacen mayores en los latifundios meridionales; así la pequeña propiedad de los rebordes montañosos del Duero deja paso a la mediana propiedad del centro de la cuenca y parte de la submeseta sur y Aragón , mientras que la gran propiedad latifundista domina enla Mancha, Extremadura y Andalucía donde alcanza su expresión paisajística más llamativa en torno al cortijo.

Las diferencias entre el norte y el sur aparecen también en los arrendamientos, más numerosos en la submeseta norte, y en la población jornalera o asalariada mucho mayor en el latifundio meridional.

En cuanto a la organización del terrazgo destaca el dominio de las tierras de cultivo frente a la ganadería y la explotación forestal. Ésta se ciñe a los bordes montañosos y algunos lugares interiores de las cuencas. Destacan las masas forestales de rebollo y pino silvestre (Sistema Central e Ibérico), el alcornoque para corcho (dehesas extremeñas), pinares resineros y piñoneros (Tierra de Pinares) y castañares (norte de Cáceres y el Bierzo). Además en las penillanuras del oeste –de Zamora a Badajoz- las dehesas constituyen un paisaje propio, un sistema de explotación agroganadero y forestal, consecuencia de una intervención secular para el aprovechamiento de leñas, pastos y cultivos de cereal.

Por lo que se refiere a la ganadería destacan la vacuna, la ovina, la porcina y la aviar si bien estas dos últimas con mayor peso de la ganadería industrial. En la ganadería bovina se observa una cierta especialización en razas lecheras (sobre todo en el norte de Castilla y León y las vegas del Guadiana) y una presencia cada vez mayor de razas autóctonas orientadas a la producción cárnica (avileña, morucha, ternera del Bierzo) la mayoría de éstas pastando en régimen semiextensivo (con su complemento en el establo); al contrario, las de producción láctea se explotan en régimen de estabulación. La otra actividad ganadera la constituye el ovino con un alto grado de especialización en provincias como León, Zamora, Albacete o Cuenca ocupando preferentemente los rastrojos, campos baldíos y la media montaña (con una orientación cárnica mayor en la montaña y láctea, orientada a la producción de quesos, en los llanos del interior). La mayor demanda de carnes de lechal y de cordero ha venido a modernizar e intensificar también estas explotaciones. El aviar y el porcino –aunque extendidos por todas las provincias dela Españainterior-  tienen  una alta especialización en Valladolid, Teruel y  Segovia. Caso aparte lo constituye el porcino ibérico alimentado total o parcialmente en las dehesas del suroeste (montanera: aprovechamiento de la bellota) con muy buenas expectativas de mercado.

El openfield de las llanuras del interior muestra –en lo que a los cultivos se refiere- un primer contraste: el de los regadíos y el secano ocupando éste a grandes rasgos los páramos y el piedemonte, en tanto que los regadíos se extienden por el centro de las cuencas fluviales; sin embargo es frecuente verlos alternando en un mismo parcelario.

Aunque disminuyendo, las llamadas “tierras de pan llevar” -dedicadas al cereal- siguen siendo las que más superficie de cultivo ocupan (en torno al 60%) independientemente si es cereal de secano o de regadío. Y de ellos la cebada más que el trigo (salvo en el interior de Andalucía donde el trigo sigue superando la cebada) pues hay que pensar que hoy una parte del cereal se lo lleva la producción de piensos para el ganado. No obstante el cereal ha conseguido, en ocasiones, crecer a costa de las leguminosas dando lugar a una especialización creciente (en ocasiones monocultivos) que se traduce en uniformidad paisajística. Son todos cultivos de intensa mecanización, de crecientes insumos y de canales de distribución de abonos o semillas en manos de grandes grupos empresariales. A estas prácticas no son ajenos tampoco los cultivos de regadío,  para la transformación industrial, tales como el maíz, la remolacha, el girasol, etc.

Los otros cultivos de secano no son anuales sino perennes, cultivos leñosos como la vid y el olivo aunque con una distribución dispar al ocupar dominios climáticos diferentes. Así el olivo, más termófilo, lo encontramos en el interior de Andalucía, el valle del Ebro, amplios espacios de Castillala Manchay Extremadura pero solo de forma puntual en comarcas termófilas de Zamora y Salamanca (Arribes del Duero). Córdoba y Jaén concentran una alta especialización olivarera, particularmente Jaén considerado el mayor monocultivo olivarero mundial. La mayor parte del olivar se destina a la producción de aceite y sólo el 10% a la aceituna de mesa. Al producir España un 40% del total mundial se ha visto perjudicada porla OCMdel aceite que tiende a recortar la producción por lo cual se persigue hoy una mejora de la calidad mediante la concesión de las denominaciones de origen.

El otro gran cultivo leñoso es la vid, también de gran interés ecológico al ocupar espacios de escasa productividad. Está extendido por todo este dominio formando grandes monocultivos (Rioja,  Bierzo,La Mancha). Por ejemplo, el municipio manchego de Valdepeñas tiene tanta superficie vitícola como todala Riberadel Duero. Por su carácter excedentario también se vio sometido a una  importante reducción en su superficie de cultivo que ha ido acompañada de una mejora en la calidad de los vinos, el aumento de las denominaciones de origen  (Rioja, Ribera de Duero, Bierzo, Montilla, Valdepeñas, Ribera de Navarra..) y una permanente conquista de mercados. Sólo el 20% se destina a la producción de uva de mesa y un porcentaje muy pequeño a la destilación de alcoholes. El resto,  vino.

Otro cultivo de los secanos termófilos  del valle del Ebro y de la mitad meridional es el almendro cuya producción se ha visto ampliada para satisfacer la demanda de la repostería y la fabricación de turrones. Algunas comarcas se han ido especializando en la producción de frutas: tal es el caso del Bierzo (manzana, pera, cereza, ciruela) valle del Jerte –Cáceres- (cereza) y Bajo Aragón (melocotón, cereza).

4.- LOS PAISAJES AGRARIOS DEL LITORAL MEDITERRÁNEO.

            Incluyen toda la franja litoral desde el cabo de Creus hasta la desembocadura del Guadiana, además del archipiélago balear.

Dos factores físico-naturales condicionan la configuración de estos paisajes: la escasez e irregularidad de precipitaciones y la bonanza de las temperaturas. La indigencia de las precipitaciones ha obligado a la intervención permanente de los grupos humanos para optimizar el aprovechamiento del agua, intensa desde la ocupación musulmana. Sin embargo se aprecia una escasa ordenación del espacio agrario en su conjunto lo que explica el alto riesgo de desertificación. Un perjuicio añadido para la agricultura lo constituye hoy el turismo al competir por dos recursos escasos en este dominio: el suelo y el agua. El caso de las islas Baleares ilustra claramente este conflicto de intereses.

            Este espacio mediterráneo es donde menor presencia tiene la ganadería si exceptuamosla Cataluñahúmeda ( Gerona con una ganadería industrial porcina muy desarrollada), Menorca y las sierras del interior de Murcia ( Campofrío). Como en el resto de España cerca de las grandes aglomeraciones urbanas se ha desarrollado una variada ganadería industrial (bovino, porcino, aviar, ovino) que atiende las demandas urbanas.

            Si bien las comarcas del interior de Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia no difieren gran cosa de las dela Manchao Aragón lo que mejor define a este dominio agrario son los espacios litorales, allí donde el regadío y la producción hortofrutícola están más extendidos. En algunas comarcas toma la forma de monocultivos (flores en Barcelona, naranja en Valencia,  limonero en Murcia, avellano en Tarragona, almendro en Alicante, fresa en Huelva, aguacate y chirimoya en Granada). A estos paisajes, además del contraste entre los regadíos litorales y los secanos del prelitoral, hay que sumar el contraste entre la pequeña propiedad de las huertas valencianas y murcianas y los latifundios que aún perviven en numerosos espacios del dominio (Cádiz, Huelva…) o el contraste entre los cultivos hortícolas tradicionales de carácter familiar  y las modernas técnicas de cultivo intensivo bajo plástico.

            Dentro del regadío lo más llamativo y lo que alcanza mayor significado económico y paisajístico es el regadío intensivo que ha sido posible gracias a estos factores:

–          una incipiente agricultura comercial que se especializa en hortalizas y cítricos desde final del XIX;

–          el agua del trasvase Tajo-Segura que ha permitido intensificar estos espacios;

–          la aplicación de numerosas técnicas: enarenados, acolchados, riego por goteo o cultivos bajo plástico ( en algunos casos  paisajes llamados “mar de plásticos” como los de El Ejido -Poniente almeriense-);

–          las óptimas expectativas que se han abierto para estos cultivos desde 1986, año de la incorporación de España ala CEE);

–          el papel favorable de las infraestructuras y las redes de transporte que conectan el SE peninsular con los centros urbano del NO de Europa en 24-48 horas.

Pero también estos regadíos cuentan con frenos a su desarrollo: la escasez del agua y su progresiva salinización en los acuíferos, la contaminación química de los suelos, la falta de mano de obra y los problemas sociales de los inmigrantes derivados de una escasísima regulación laboral y la falta de políticas de integración social. Finalmente hay que señalar la creciente competencia de otros países mediterráneos (Marruecos, Turquía, Israel) que presionan con fuerza sobre los mercados europeos en el marco de negociaciones comerciales más amplias.

La presencia de cultivos arbóreos no se limita a los cítricos ya señalados; igual que el almendro, los frutales cálidos (albaricoque, melocotón) y los frutales frescos (con alta especialización en Lérida) tienen también presencia en las comarcas interiores. No son ajenos tampoco caldos de buena calidad como los de  Penedés, Utiel-Requena y Jumilla o excelentes aceites como los dela Sierrade Segura (Murcia) o los del Campo de Tarragona (con premios a la mejor calidad en los últimos años).

5.-LA AGRICULTURA DELAS ISLAS CANARIAS.

Las particularidades físicas (derivadas de un suelo volcánico) y climáticas (clima subtropical de “eterna primavera”) confieren una gran originalidad a la agricultura canaria, donde el precio del agua es más alto que el precio de la tierra pues no hay grandes ríos que permitan grandes embalses o trasvases a lo que hay que sumar la competencia cada vez mayor que ejerce sobre este recurso el turismo. Además el turismo ha actuado como un gran imán al atraer muchos activos agrarios.

Los contrastes entre el interior y las franjas costeras son claros. Los espacios costeros se dedican a monocultivos regados y orientados a la exportación tales como el plátano, el tomate, la patata extratemprana y otros cultivos bajo plástico. Es una agricultura intensiva, que requiere grandes inversiones, de orientación comercial y cuyo mejor exponente es el valle deLa Orotava(Tenerife).

Los espacios del interior, de topografía difícil, presentan rasgos de arcaísmo tales como un poblamiento semidisperso, unos policultivos para el autoconsumo y el mercado local de escasos recursos técnicos y económicos sustituidos por la gran intensidad del trabajo humano que tiene como cultivos preferentes las hortalizas, la patata y la vid.

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LA HIDROGRAFÍA PENINSULAR

LA HIDROGRAFÍA PENINSULAR.


1.- FACTORES FÍSICOS DETERMINANTES DE LA HIDROGRAFÍA PENINSULAR.

Son fundamentalmente cuatro los factores de orden físico que explican el comportamiento de los sistemas fluviales, de los acuíferos , de los lagos y de  las lagunas, es decir, de las aguas continentales.

 * el clima: las disponibilidades de agua de los ríos peninsulares dependen del comportamiento climático de los distintos dominios por los que atraviesan pues el agua de nuestros ríos, lagos y acuíferos procede en su totalidad del agua precipitada. Así nos encontramos con espacios de clima oceánico dentro de la España húmeda con precipitaciones abundantes y bien distribuidas; espacios de clima mediterráneo en la España seca con precipitaciones escasas, de carácter irregular y que provoca un estiaje  más o menos acusado; y, por último, espacios de clima de montaña con precipitaciones suficientes a abundantes (según montañas) y buena parte de ellas en forma de nieve; esto supondrá que parte de tales precipitaciones irán a parar a los colectores de la España seca una vez entrada la primavera.  Si a la variable precipitación le añadimos la variable temperatura la consecuencia es que el régimen térmico aún desfavorece más a la España seca, pues la evaporación, que resta efectivos al agua precipitada, es aún mayor.

También el caudal absoluto y  el  régimen fluvial (las variaciones de caudal  a lo largo de un año hidrológico)  de nuestros ríos dependen del régimen de precipitaciones (lluvias y aportes níveos). Así, atendiendo a la alimentación de los ríos peninsulares, podemos distinguir los siguientes regímenes fluviales:

– régimen nival: propio de espacios de alta montaña (por encima de 2500 m) donde la mayoría de las precipitaciones son en forma de nieve. Presenta un máximo de caudal o aguas altas muy extendido, de mayo a finales de junio, consecuencia de la fusión de las nieves; curiosamente presenta aguas bajas o “estiaje” de invierno (por retención) al no llegar los aportes sólidos al lecho fluvial. En la Península sólo se da en tramos de cabecera de ríos pirenaicos (Segre, Cinca,Ter) y en los derrames culminantes de Sierra Nevada.

– régimen nivo-pluvial: propio de ríos que nacen en la montaña entre 2000-2500m, de carácter mixto aunque con mayor relevancia de las nieves sobre las lluvias. Tiene un máximo de primavera por fusión de las nieves y otro máximo de origen pluvial en otoño. Cabeceras del Sella, Nalón, Aragón.

– régimen pluvio-nival: propio de espacios comprendidos entre los 1500-2000 m de altitud, donde la aportación nívea es menos relevante que las lluvias. Suele presentar un máximo de invierno-principio de primavera por repentina fusión de las nieves. Esla, Pisuerga, Tormes, Alagón, Júcar.

– régimen pluvial: allí donde el aporte nival o no existe o es insignificante. Propio de ríos que drenan vertientes por debajo de los 1000-1500 m. Es el más extendido de la Península y los periodos de máximos y mínimos registran los vaivenes del régimen de lluvias. Se distinguen los siguientes subtipos:

– pluvial oceánico: propio de los ríos dela Españaatlántica con máximos muy marcados de otoño e invierno y aguas atenuadas en verano (Miño, Tambre, Ulla)

– pluvial mediterráneo: su nota más característica es el marcado estiaje de verano; las aguas altas pueden ser de otoño como los ríos de la fachada mediterránea (Turia, Mijares) o de primavera (ríos de la meseta: Guadiana).

* el relieve: el segundo factor a considerar puesto que es el responsable, en primer lugar,  de la organización de las cuencas vertientes . Entre ellas existe una gran disimetría: y es que a pesar que la longitud de las costas mediterránea y atlántica son bastante similares, los ríos que vierten al Atlántico drenan el 70% de la superficie peninsular en tanto que los mediterráneos sólo drenan el 30%. En segundo lugar, el relieve es el causante de una línea divisoria de aguas que pasa muy cerca del Mediterráneo describiendo un arco con la concavidad vuelta hacia el Atlántico donde vierten los grandes colectores (Duero, Tajo –el más largo- Guadiana, Guadalquivir); sólo el Ebro, encajado en la depresión, con una entidad similar vierte al Mediterráneo. Además los ríos que vierten hacia el Atlántico han de salvar pendientes poco pronunciadas lo que les permite regularizar el caudal; por el contrario, los ríos cantábricos y los mediterráneos al tener que salvar grandes desniveles desarrollan una gran capacidad erosiva.

La propia organización tectónica dentro de las cordilleras es la responsable del diseño de las cuencas hidrográficas: adquieren una disposición dendrítica en los afluentes pirenaicos del Ebro o una disposición longitudinal en los afluentes de la margen derecha del Tajo; otras veces se encajan en fallas tectónicas: caso de los Arribes del Duero o el Tajo en la penillanura extremeña.

La propia topografía facilita la alteración de los ríos y sus ecosistemas con la creación de grandes infraestructuras hidráulicas que aprovechan las angosturas que atraviesan éstos. En menor medida, el relieve es también responsable de formación de lagos y  lagunas.

* la litología: el sustrato rocoso es considerado otro factor a tener en cuenta pues el tipo de roca sobre la que discurre el agua puede favorecer la escorrentía superficial (caso  de las arcillas) o facilitar la infiltración y las escorrentías subterráneas (caso de las calizas). En otros casos la disposición de estratos favorece la formación de acuíferos o grandes depósitos de agua subterránea (acuífero central del Duero tiene unos 45.000 Km2) delimitados por capas impermeables a través de las cuales fluye poco a poco el agua alimentando fuentes, lechos fluviales o descargando directamente en el mar.

* la vegetación: es un factor clave pues contribuye a la regularización del caudal, sobre manera cuando el manto vegetal es tupido; en la actualidad, como la cubierta vegetal está fuertemente antropizada el papel protector de ésta ha disminuido sensiblemente. Así el balance hídrico de muchos cursos fluviales ha empeorado porque ha disminuido la protección del suelo frente a la radiación solar y a la evaporación. En los tramos de cabecera donde los bosques y, en general, la vegetación están en mejor estado el manto vegetal constituye una esponja que, junto a los acuíferos, alimenta permanentemente los lechos fluviales.

2.- CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS RÍOS PENINSULARES.

Teniendo en cuenta la particular interacción de los factores antes citados podemos señalar las siguientes particularidades de nuestros ríos según vertientes:

* ríos de la vertiente cantábrica: son cortos por la proximidad de la cordillera al mar; además nacen en altitudes en torno e incluso por encima de los 2000 metros por lo que han de salvar un gran desnivel entre su lugar de nacimiento y el nivel de base. Como además nacen y discurren por espacios de abundantes precipitaciones, desarrollan una gran fuerza erosiva. Sus intensos caudales han cortado enérgicamente el relieve, originando profundas gargantas y desfiladeros que conforman algunos de los paisajes fluviales más espectaculares (Sella y Cares). Por otra parte, salvo en sus tramos de cabecera donde presentan alimentación mixta, tienen régimen pluvial oceánico.

* ríos de la vertiente mediterránea: a excepción del Ebro, los ríos mediterráneos son cortos, -más cortos los de la Penibética que los del Sistema Ibérico- salvan pendientes acusadas y soportan lluvias irregulares, de carácter torrencial en ocasiones y con un manto vegetal escaso o raquítico. En consecuencia desarrollan también una gran fuerza erosiva originando tajos como el de Ronda o cuchillos como las Hoces del Cabriel. Presentan régimen pluvial mediterráneo con marcado estiaje que da lugar en los ríos de menor entidad a cauces secos conocidos como torrentes, ramblas o rieras. Son, además, los ríos más afectados por obras hidráulicas tanto para prevenir avenidas y regularizar su caudal como para canalizaciones destinadas a usos agrícolas y turísticos (trasvase Tajo-Segura).

Capítulo aparte lo constituye el Ebro: río más caudaloso de la Península por la superficie de cuenca tan extensa y los numerosos afluentes que recoge (cantábricos, ibéricos y, sobre todo, pirenaicos). Desde su nacimiento en Fontibre hasta su desembocadura en Tortosa es el río que presenta un régimen más complejo: pluvio-nival en su nacimiento, pluvial mediterráneo al atravesar el inicio de la depresión y nivo-pluvial al recibir los aportes de sus tributarios más importantes (Aragón, Gállego, Segre).

* ríos de la vertiente atlántica: son los ríos más largos pues –salvo el Miño y el Guadalquivir- nacen en el Sistema Ibérico. Su perfil describe una doble hipérbole y al atravesar las cuencas sedimentarias atenúan su poder erosivo dando lugar a valles muy abiertos pero poco profundos. No así cuando, por el oeste, se enfrentan a las penillanuras graníticas abriendo entonces imponentes tajos como Monfragüe (Tajo) y los Arribes (Duero). Como se ha señalado, el Miño tiene un régimen pluvial oceánico en tanto que el Guadiana lo tiene pluvial mediterráneo. Duero y Tajo presentan una dinámica algo más compleja desde su cabecera (entre los 1800-2000m, pluvio-nival) a su desembocadura (netamente pluvial ).Finalmente, el Guadalquivir presenta una dinámica compleja: en Cazorla, donde nace, presenta régimen pluvio-nival atenuado que se hace netamente pluvio-nival por los aportes del Genil que llegan de Sierra Nevada.


3. LA  PROBLEMÁTICA DE LOS RECURSOS HÍDRICOS EN ESPAÑA.

3.a. Necesidad y disponibilidad de agua: los usos del agua en España.

El agua es una pieza clave en el desarrollo social y económico de un país. Dos son los factores que han disparado el consumo de  agua en España: las transformaciones socioeconómicas desde el periodo desarrollista y el incremento de la población hasta más de 41 millones actuales. Siendo la disponibilidad de agua la misma, la demanda, sin embargo, se ha disparado. Los sectores que más intensamente consumen este recurso son estos:

  • usos agrarios: constituye el capítulo de mayores consumos, pues más del 80% del agua consumida  en España se destina al sector agrario, especialmente al riego. El riego combate la escasez y la irregularidad de las precipitaciones al tiempo que ha transformado cuantitativa y cualitativamente el campo español. Se trata de un consumo consuntivo pues implica graves pérdidas por evaporación, mal estado de las infraestructuras, etc. Son los regadíos intensivos –asociados a los policultivos hortofrutícolas- los que más agua consumen, seguidos de los regadíos extensivos –cereales, tubérculos, cultivos industriales- y en último lugar las explotaciones ganaderas.
  • abastecimientos urbanos e industriales: aproximadamente se reparten un 13% y un 7% del consumo total. Se trata también de consumos consuntivos y se han disparado conjuntamente el proceso de industrialización y urbanización. El cambio en los hábitos de higiene, la mayor calidad de vida , la mayor exigencia del bienestar, las formas de vida urbanas han acrecentado hasta tal punto el consumo, que en la actualidad se aproxima a los 400 litros por habitante y día ocupando España el 2º lugar en consumo per cápita.
  • Usos energéticos: se trata de un uso no consuntivo que, asociado al lento proceso industrializador, se acrecienta desde finales del siglo XIX con la finalidad de producir energía para abastecer a las ciudades y a la industria. Al permitir las líneas de alta tensión transportar la energía a largas distancias, las principales centrales hidroeléctricas se encuentran en lugares de condiciones geológicas óptimas, allí donde los ríos se encajonan o deben de superar fuertes pendientes. Poco más de 20 grandes centrales hidroeléctricas proporcionan al país más del 50% de la potencia hidroeléctrica. Destaca, a nivel nacional, el complejo que se encuentra en las Arribes del Duero.

3.b. La desigual distribución de los recursos y sus causas.

En su conjunto, España dispone de un balance favorable entre recursos hídricos y demanda; se habla entonces de superávit para atender las demandas  presentes y futuras. Sin embargo, los contrastes climáticos –con precipitaciones irregulares tanto estacional como interanualmente- explican la desigual distribución de los recursos entre cuencas hidrográficas y- en consecuencia- entre comunidades autónomas.

Por este motivo se han hecho necesarias infraestructuras hidráulicas –embalses- destinadas al almacenamiento del agua, Aún así sólo algunas cuencas siguen presentando un balance hídrico favorable: son las del Norte, Duero, Tajo y Ebro. Presentan balances equilibrados el Pirineo Oriental, el Guadiana y el Gualdalquivir.  El resto, es decir, los ríos levantitos y los derrames penibéticos al Mediterráneo presentan déficits más o menos acusados. El hecho es particularmente grave si pensamos que se eje levantino-mediterráneo constituye una pieza clave del entramado económico y territorial del país (por sus altas densidades de población, sus regadíos intensivos, su demanda turística, su industria…).

3.c. La política hidráulica como vía de solución.

De ser fácil se impondría gestionar recursos mal distribuidos de forma eficaz mediante políticas hidráulicas capaces de atender tanto las particularidades territoriales como los intereses claramente contrapuestos de todos los afectados. Aunque el problema del agua es una cuestión de estado, son más de 15 años intentando una solución global a través de varios proyectos  denominados siempre Plan Hidrológico Nacional (PHN) que no han encontrado el consenso necesario entre comunidades autónomas, partidos políticos, sindicatos agrarios y entidades ciudadanas.

En general el PHN tiene como objetivos aumentar los recursos disponibles, prevenir inundaciones, mejorar la calidad del agua, favorecer el ahorro y la reutilización e impulsar la investigación. Prevee una serie de obras e infraestructuras básicas de costosa financiación (embalses, canales, estaciones de bombeo y trasvases, siendo éste siempre el problema de más difícil solución). Los trasvases son transferencias de agua de cuencas excedentarias a cuencas deficitarias. En la actualidad funcionan cerca de 40, siendo el más destacado el Tajo-Segura. El caso del  trasvase del Ebro es el más llamativo por dilatado y por conflictivo: ni siquiera las compensaciones a establecer para las comunidades que cedan agua acalla una fuerte oposición social al mismo; pero dentro de una misma confederación, e incluso dentro de una misma comunidad autónoma el conflicto está siempre latente (Esla-Carrión).

En otros casos, el déficit se palía mediante la explotación de lagos a o acuíferos; los primeros pera producir energía y los acuíferos para  usos agrarios, industriales e incluso urbanos. Pero no siempre su utilización es viable: la sobreexplotación lleva a la descarga del mismo y en las zonas costeras a la creciente salinización de las aguas debido a la intrusión marina.

En ocasiones, la investigación permite, mediante la desalinización del agua marina, el aprovechamiento de ésta para usos urbanos, especialmente en zonas como Murcia, Ceuta y Canarias. Y en otros casos para mejorar la calidad del agua mediante las plantas potabilizadoras y depuradoras. Las primeras tratan las aguas que van a ser consumidas; en el segundo, se tratan las aguas residuales (urbanas, ganaderas, industriales) para evitar la contaminación de suelos, ríos y acuíferos. Las exigencias de la U. E. para depurar las aguas obligan a las localidades de más de 10.000 habitantes a depurar totalmente sus aguas a través de estas plantas.

3.d. Uso y problemática del agua en Castilla y León.

 

El balance hídrico de nuestra región (que es casi lo mismo que decir el balance de la Confederación Hidrográfica del Duero) es claramente favorable. De la misma manera que en el resto del país, en nuestra región los mayores consumos de agua se los lleva el campo, donde en las dos últimas décadas han aumentado considerablemente los regadíos extensivos (cereal, maíz, forrajes y cultivos industriales). El desarrollo de la ganadería intensiva ha disparado también este consumo. Los consumos urbano-industriales y el agua destinada a la producción energética (Arribes del Duero, Ponferrada, Guardo)  constituyen los otros dos capítulos. En consecuencia se han venido desarrollando grandes obras hidráulicas, entre las que destacan los embalses –por lo general en la cabecera de los ríos, salvo los del Duero en Zamora y Salamanca-  destinados a saciar la sed creciente de nuestra comunidad.

Los problemas del agua se refieren tanto a la calidad como a la demanda. En general, la calidad de las aguas en nuestra región es aceptable tanto la de los ríos como la de los acuíferos; un bioindicador de la calidad ambiental de nuestros ríos se refiere a la presencia de salmónidos, si bien es cierto que siempre menor que hace unas décadas, pues tanto sólo en las cabeceras de los ríos  la calidad es francamente apreciable; allí donde se concentra la población -y las actividades humanas asociadas a esas aglomeraciones –  la calidad de las aguas y el estado de nuestros ríos se degrada.

Los principales problemas derivan de la contaminación producida por los vertidos de aguas mal depuradas procedentes de las industrias, de las aglomeraciones urbanas y de las actividades agroganaderas. Los ríos más afectados son el Sil, el Pisuerga,el Carrión, el Bernesga, el Tormes y tramos medios del Duero. Se ha elaborado un Plan Regional de Saneamiento que propone la depuración total de las aguas incluso para las poblaciones mayores de 2000 habitantes, reducir la contaminación agraria, asegurar el caudal ecológico y recuperar los tramos más contaminados de los ríos; también actuar en poblaciones afectadas por avenidas y riadas.

Las aguas subterráneas padecen problemas de sobreexplotación en la cuenca central del Duero por las extracciones  agrarias para el riego. La calidad es, en general, buena salvo problemas puntuales por nitratos, pesticidas y contaminación difusa de origen ganadero. El caso de los humedales ha sido peor; tan sólo han sido inventariados en el año 2000, cuando ya muchos de ellos eran difícilmente recuperables y sólo gozan de buena salud aquellos de mayor entidad y de gran reclamo turístico (Villafáfila, La Nava).

Las demandas de agua de la población para el uso doméstico están sólo garantizadas al 95% pues unas 200 localidades, especialmente en el SO de la región, padecen escasez a finales de verano cuando la llegada de los no residentes habituales dispara la demanda. Dotar de infraestructuras de abastecimiento, sustituir los sistemas de riego poco eficaces y evitar las pérdidas por malos usos agrarios son algunas herramientas propuestas para combatir la insuficiencia.

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EL RELIEVE DE ESPAÑA.

LAS UNIDADES DE RELIEVE Y SU DINÁMICA.

 

 1.- RASGOS BÁSICOS DEL RELIEVE PENINSULAR.

 Los rasgos que mejor caracterizan el relieve peninsular son los siguientes:

* la forma maciza debida a la gran anchura dela Península(1100 km), sus costas rectilíneas y al hecho que se organiza en torno al “edificio” de la Meseta Central;

* la elevada altitud media, – aproximadamente 660 metros sobre el nivel del mar- derivada no tanto de que España sea un país montañoso sino de la importancia porcentual de las tierras altas que constituyen la Meseta Central, además de las elevadas cordilleras que la circundan; por el contrario, las superficies que ocupan depresiones y llanuras costeras  son poco importantes;

* la disposición periférica del relieve pues todas las cordilleras encierran, a modo de fortaleza,la Meseta  reduciendo notablemente la influencia marina a las estrechas franjas costeras y los archipiélagos.

*la Península Ibérica se presenta como un continente en miniatura al presentar, desde el punto de vista geomorfológico, las grandes unidades morfoestructurales. A saber: un zócalo o escudo (la Meseta Central), cuencas sedimentarias (Duero, Tajo) y depresiones alpinas (Ebro y Guadalquivir), grandes cordilleras de plegamiento (Pirineos, Béticas, Cantábrica) y macizos antiguos (macizo Galaico-Leonés, Sistema Central).

* Desde el punto de vista geológico, según el roquedo predominante, se distinguen tres grandes áreas: la silícea que incluye los macizos antiguos, el zócalo dela Meseta allí donde aflora, las penillanuras del oeste y algunos sectores de los Pirineos, de las Béticas, del Sistema Ibérico y del sector occidental dela Cantábrica. En segundo lugar el área caliza que dibuja sobre la Península una especie de zeta invertida que incluye los Pirineos, la mayor parte de la Cantábrica,la Ibérica y las Béticas. Y, en tercer lugar, el área arcillosa que se localiza en las depresiones alpinas y las cuencas sedimentarias.

2.- LA DINÁMICA DEL RELIEVE PENINSULAR.

2.1. Zócalo herciniano y sedimentación secundaria.

 El relieve peninsular es el resultado de una evolución geológica de cientos de millones de años, donde han alternado fases orogénicas (de formación de relieves) con otras de calma, con predominio de procesos de erosión y sedimentación.

Durante la era arcaica (Precámbrico) las tierras emergidas en estas latitudes se reducían a un arco montañoso que se extendía desde el NO hacia el SE, desde Galicia  a los Montes de Toledo. Esta cordillera convertida en macizo por la erosión quedó arrasada y cubierta en gran medida por los mares.

En la era Primaria (Paleozoico) tuvo lugar una nueva orogenia, la herciniana, que originó un gran sistema de cordilleras  formado por materiales silíceos (granito, cuarcita, pizarra) que incluía: el macizo Hespérico (al oeste), los macizos de Aquitania, del Ebro y el Catalano-balear (al NE) y el Bético-rifeño (al SE). La erosión posterior les arrasó y fueron convertidos en zócalos o escudos, auténtico soporte de los continentes. Así el macizo Hespérico se convirtió en zócalo o meseta inclinada hacia el Mediterráneo.

Durante la era Secundaria (Mesozoico) predominaron periodos de calma orogénica, donde la erosión desgastó los relieves hercinianos y cuyos sedimentos fueron depositados en los bordes orientales del zócalo; en las fosas marinas, situadas entre los macizos señalados (actuales zonas pirenaica y bética) se depositaron sedimentos de espesores mucho mayores.

2.2. Formación del relieve actual.

Durante la era Terciaria (Cenozoico) tuvo lugar la orogénesis alpina que provocó grandes cambios en el relieve peninsular:

*La Meseta pasó a bascular hacia el Atlántico diseñando una nueva red hidrográfica.

* El zócalo dela Meseta (de materiales rígidos) fue fracturado y fallado como consecuencia de las presiones a las que se vio sometido. Unos bloques se levantan y rejuvenecen y otros se hunden. Los levantados forman los bordes septentrionales (macizo Galaico-Leonés, sector oeste dela Cantábrica) y las sierras interiores de la Meseta (Sistema Central y Montes de Toledo). Los bloques hundidos forman cuencas sedimentarias interiores (submesetas Norte y Sur).

* Los bordes orientales de la Meseta también se levantan al plegarse los materiales allí depositados durante el Secundario, dando lugar al Sistema Ibérico. En su borde meridional el empuje de las Béticas explica la formación de Serra Morena.

* Los materiales depositados en las fosas oceánicas respondieron a la tectónica plegándose y levantándose, dando lugar a cordilleras de plegamiento como los Pirineos y las Béticas.

* Entre las nuevas cordilleras y el antiguo zócalo se originaron las depresiones alpinas del Ebro y del Guadalquivir.

Durante la era Cuaternaria (Neozoico) dominan intensos procesos de erosión y modelado del relieve, destacando el glaciarismo y la fuerte erosión fluvial.

El glaciarismo afectó las cumbres más elevadas y aquellas montañas más septentrionales, dando lugar a glaciares de valle con sus extensas lenguas de hielo que se desparraman cuando el espesor del hielo acumulado en el circo es muy grande, formando valles en forma de U o de artesa (caso de los Pirineos). Y a glaciares de circo con acumulaciones de hielo sólo en la cabecera del valle; los cambios climáticos (periodos glaciares e interglaciares) rompen las rocas de las paredes del circo ampliándolo y escarpando sus formas. Al fundirse los hielos en los periodos interglaciares dan lugar a lagos.

Como consecuencia de las oscilaciones climáticas del Cuaternario se desarrolla una fuerte erosión fluvial que origina las terrazas fluviales. En periodos fríos la fuerza erosiva del río es escasa; el hielo transporta materiales que deposita en su cauce. En los periodos cálidos el deshielo desencadena una fuerte erosión al aumentar el caudal del río: entonces ahonda su cauce y deja suspendidos los materiales en las márgenes dando lugar a terrazas escalonadas (casos del Duero, Tajo, Ebro, Guadalquivir, Guadiana).

3.-LAS UNIDADES DEL RELIEVE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.

3.1. La Meseta Central  o Macizo Central Ibérico.

Es la unidad estructural  más extensa y constituye el núcleo, el soporte en torno al cual se organiza todo el relieve peninsular. Tiene su origen geológico en el Macizo Hespérico arrasado por la erosión y convertido en zócalo.

En la parte  occidental aflora el zócalo con rocas duras y antiguas como granitos, pizarras, neis, cuarcitas. Son abundantes las penillanuras (zamorana-salmantina, extremeña) fracturadas por múltiples fallas donde se han ido encajando los ríos formando arribes, tajos o gargantas (Monfragüe, Arribes del Duero).

En el sector oriental el zócalo está hundido y sobre él se han depositado materiales más jóvenes y más plásticos como calizas, margas, arenas  y arcillas dando lugar a cuencas sedimentarias. Estos materiales sedimentarios se disponen en estratos. Sobre ellos ha actuado una erosión diferencial que ha atacado con más fuerza a los materiales más  blandos (arenas, calizas) dando lugar a formas elevadas  como oteros, páramos (La Lora, El Cerrato) o cerros testigo y a formas deprimidas como las campiñas (Tierra de Campos).

El Sistema Central, a modo de espina dorsal, divide la Meseta en dos submesetas. De una parte la Submeseta Norte con una altitud media mayor (800 m) y organizada en torno al Duero. Destacan las áreas arcillosas de su parte central (Tierra de Campos) y las  penillanuras zamorana-salmantina. De otra,  la Submeseta Sur de menor altitud (menos de 600 m) y dividida en dos por los Montes de Toledo, articulada en torno a los ríos Tajo y Guadiana. En su sector más oriental destacan extensos páramos calizos (La Alcarria), al sur de los Montes de Toledo importantes restos de vulcanismo terciario (Campo de Calatrava) y en su parte más oriental afloramientos graníticos de la penillanura extremeña.

3.2. Los relieves interiores de la Meseta.

Les constituyen el Sistema Central y los Montes de Toledo. El Sistema Central es la espina dorsal de la Meseta, a la que divide en dos submesetas. Tiene su origen en las fracturas del zócalo o Macizo Hespérico durante la orogenia alpina dando lugar a un conjunto de bloques levantados y otros hundidos separados por corredores donde se encajan los ríos. Todo el sistema, de dirección este–oeste, está individualizada en un conjunto de sierras: Somosierra, Guadarrama, Gredos, Béjar, Gata y la Estrella, ésta en Portugal. Sus umbrales de cumbres se sitúan entre los 2000-2500m alcanzando su techo en el pico Almanzor (Sª de Gredos). Están ligeramente retocadas por la acción glaciar con pequeños circos que dieron lugar a lagunas de origen glaciar como las de Gredos y Peñalara.

Los Montes de Toledo son el hermano menor del sistema Central, pues ha seguido la misma evolución morfológica: conjunto de bloques fallados y levantados por la orogenia alpina. Tienen sin embargo menor altitud ( apenas llegan a 1500m, alcanzando su techo en las Villuercas) y al estar en una latitud más meridional no hay huellas de glaciarismo, aunque sí abundan fenómenos de periglaciarsmo que han dado lugar a extensas rañas o depósitos de canchales. Una tercera diferencia es que dividen la Submeseta Sur en dos cuencas hidrográficas. Entre sus sierras destacan las de Guadalupe y San Pedro.

 

3.3. Los rebordes montañosos de la Meseta.

Son un conjunto de unidades que cierran, a modo de arco o cíngulo montañoso, la Meseta por el noroeste (Macizo Galaico y Montes de León), el norte (Cordillera Cantábrica) , el este (Sistema Ibérico) y el sur (Sierra Morena).

El Macizo Galaico-Leonés es un fragmento del zócalo paleozoico cuyos materiales –muy antiguos y muy rígidos- fueron fallados y dislocados durante la orogenia terciaria. Dieron lugar a un conjunto de bloques sin direcciones muy definidas, muchos de los cuales terminan hundiéndose en el mar de tal forma que este penetra hacia el interior formando innumerables rías (Rías Bajas y Altas). Por otra parte, entre los bloques se han originado numerosas fosas tectónicas (El Bierzo, Verín, Orense). Sus cumbres, muy atacadas por la erosión, presentan perfiles redondeados. Sus umbrales se sitúan entre los 1700-2000 m y destacan las sierras de Segundera, Ancares y Cabrera teniendo su techo en el pico Teleno. Con esta altitud  y por su posición más septentrional son frecuentes las huellas de glaciarismo en lagos como el de Sanabria o Truchillas.

La Cordillera Cantábrica cierra por el norte a la Meseta; de geología muy compleja, está constituida por un conjunto de alineaciones de dirección este-oeste con umbrales de cumbres de 2000-2500m alcanzando su techo en Torrecerredo. Por encima de los 2500 destacan también , Peña Vieja , Peña Santa y el Naranjo de Bulnes , todos ellos en los Picos de Europa, donde adquiere un carácter imponente de relieves jóvenes, abruptos y vigorosos. Por su origen geomorfológico y el tipo de roquedo se distinguen tres sectores: el Macizo Asturiano (hasta los picos de Europa), de materiales paleozoicos y abundantes estratos de carbón (principales cuencas carboníferas desde Laciana hasta el Carrión pasando por el Narcea o el Nalón); la Montaña de Santander  de menor altitud y con abundancia de materiales calizos y fenómenos de karstificación;  y los Montes Vascos considerados como entronque entre la Cantábrica y la Pirenaica. Su altitud y su posición más  al norte explican la numerosa huella glaciar en forma de lagos como los de Covadonga o Somiedo. La  proximidad al mar de su vertiente norte explica una acusada disimetría y el gran poder erosivo que tienen los ríos capaces de excavar profundas hoces o desfiladeros  (Cares, Los Beyos).

El límite oriental  lo constituye el Sistema Ibérico.  Es una cordillera constituida, en su mayoría, por materiales depositados durante el Secundario en el borde oriental del zócalo; luego fueron levantados y plegados durante la orogenia alpina. El sistema no tiene ese carácter joven y vigoroso, a pesar de cumbres entre los 2000-2300 m, que alcanza su techo en el pico Moncayo. Sus sierras no guardan una dirección definida sino que están escindidas, separadas unas de otras por valles longitudinales quitándole el carácter de cordillera continua. Sólo en su parte noroccidental tiene ese carácter macizo con las sierras de Demanda, Urbión y Moncayo¸ es aquí donde actuó el modelado glaciar (Lagunas de Neila y Laguna Negra). La parte más meridional del sistema, de altitudes menores y sin huellas de glaciarismo importante) está, a su vez, divida en dos ramas: una interior o castellana (Serranía de Cuenca, Sierra de Albarracín con imponentes paisajes kársticos: la Ciudad  Encantda) y otra exterior o aragonesa con las sierras de Gúdar y el Maestrazgo.Son muy llamativos los procesos de gelifracción que han dado lugar a ríos de piedra.

Sierra Morena cierra definitivamente la Meseta; es su borde meridional. Su origen fue consecuencia del empuje  y las presiones del macizo Bético-rifeño sobre el macizo Hespérico. De una parte flexionó este borde a la vez que lo fracturó en bloques escalonados. Su roquedo antiguo (de pizarras y esquistos) de tonalidades grisáceas y oscuras da lugar a esta denominación. Tiene una acusada disimetría pues su vertiente norte apenas se eleva 500 metros frente a la vertiente sur que vista desde la depresión del Guadalquivir aparece como un farallón  casi infranqueable. Su altitud se sitúa entre los 1000-1300 metros y destacan las sierras de Aracena, Madrona y Almadén.

3.4. Las unidades exteriores de la Meseta.

Incluyen las depresiones del Ebro y del Guadalquivir y las cordilleras Béticas,la Costero-Catalana y los Pirineos.

Las depresiones exteriores son depresiones gemelas: fosas prealpinas formadas a la vez que las cordilleras alpinas durante la era Terciaria; luego se fueron rellenando de sedimentos terciarios y cuaternarios; de escasa altitud (300m) y  forma triangular. La diferencia es que la del Guadalquivir está abierta al océano y tiene más relleno marino.

La depresión del Ebro ocupada por el mar fue luego un gran lago interior que terminó por abrirse paso al Mediterráneo a través de las Catalánides. La diversidad de  sus materiales  continentales y marinos (calizas, margas, arenas, yesos y sales) y  la erosión diferencial deja formas de modelado muy diversas: mallos, hoyas, muelas, mesas o planas y badlands.

Por su parte la depresión del Guadalquivir se ha colmatado o rellenado de abundantes arcillas, calizas y materiales marinos. El modelado de estos materiales ha dado lugar a un paisaje de suaves lomas y campiñas y en su contacto con el océano una extensa llanura litoral.

De las cordilleras exteriores a la Meseta, los Pirineos es la que tiene un carácter más alpino con sus relieves jóvenes y abruptos y su intenso glaciarismo:por encima de los 2000 m se fueron formando mantos de hielo de hasta 500 m de espesor que excavaron diez grandes valles glaciares –de hasta 50 km de longitud- que diseñaron la red hidrográfica más potente de toda la Península. La acción glaciar excavó, además, más de 1000 lagos o ibones. La fuerza erosiva de los ríos contribuyó al relleno de la depresión con sedimentos que en algunos casos alcanzan los 1000 m de espesor. Muestra, además, una estructura compleja distinguiéndose el Pirineo Axial y los Pre-Pirineos. El Pirineo Axial es el eje de la cordillera, resto del antiguo macizo herciniano que fue de nuevo levantado durante la orogenia alpina. Aquí alcanza umbrales de cumbres de 3000-3400m destacando su techo, el pico Aneto, además de Maladeta y Monteperdido. Los Pre-Pirineos son un conjunto de sierras paralelas al Axial, de materiales calizos depositados en el fondo de la antigua fosa oceánica, levantados y plegados. Son numerosos los paisajes kársticos modelados sobre estas sierras (grutas, simas, hoces).

La Cordillera Costero-Catalana se extiende paralela a la costa, cerrando la depresión del Ebro por su parte oriental y aislando a ésta de la influencia marina . La parte septentrional es de materiales antiguos pues son los restos del antiguo macizo catalano-balear separado de los Pirineos por numerosas fallas con fuerte huella volcánica (Olot). La mitad sur está compuesta de materiales calizos secundarios plegados en la orogenia alpina. Se distinguen dos alineaciones: una litoral, paralela a la costa y otra interior donde se encuentran los macizos más importantes con cumbres que superan los 1700m, caso del Montseny. Ambas ramas están separadas por una depresión longitudinal con relieves suaves y ondulados (planas).

Las Cordilleras Béticas presentan también una gran complejidad geológica. A pesar de cumbres que superan los 3000-3400 m, no tienen ese carácter joven  de los Pirineos; al contrario, sus cumbres pesadas reciben el nombre de lomos. Por su posición latitudinal la acción de los glaciares  no dejó aquí grandes huellas, si acaso alguna laguna y una docena de pequeños glaciares. Se distinguen dos cordilleras separadas por una depresión intrabética, que a su vez, está fragmentada en pequeñas hoyas o depresiones (Baza, Ronda, Guadix).

La cordillera Penibética es litoral y constituye los restos del antiguo macizo Bético-Rifeño elevado y rejuvenecido durante el terciario. En su interior destaca Sierra Nevada con los techos del sistema Veleta y Mulhacén (éste, también, el techo de la Península); de menor importancia las Sierras de Baza y los Filabres.. La Subbética es interior y surge al plegarse los materiales secundarios depositados en un profunda fosa ante el empuje de las placas ibérica y africana. En el conjunto destacan desde el modelado kárstico (tajo de Ronda) hasta las badlands o acarcavamientos de medios muy áridos (desierto de Almería).Destacan las sierras de Grazalema,Cazorla y Segura.

Las Béticas se prolongan a través de un estrecho brazo submarino bajo el Mediterráneo y emergen en el eslabón Balear, de materiales fundamentalmente calizos. Destacan, en Mallorca,la Sierra de Tramontana (con su techo el Puig Major),las sierras del Levante, de apenas 500 m de altitud, y entre ellas el Pla o depresión central rellena de materiales sedimentarios. Ibiza y Formentera tienen relievas de escasa entidad. Menorca es, sin embargo, un fragmento del antiguo macizo Catalano-baleárico revitalizado por la orogenia alpina en este sector. Sus materiales son basicamente paleozoicos.

3.5. El relieve de las islas Canarias.

Es de origen volcánico y es consecuencia de la orogenia alpina cuando, en este sector del océano, se inició una gran actividad eruptiva que fue configurando el archipiélago (donde se mantiene un vulcanismo activo: Teneguía,La Palma1971 y 2011 frecuente actividad sísmica en El Hierro. Los dos grandes campos de fallas tectónicas han dado lugar a dos grupos de islas: las occidentales con los relieves más imponentes y su techo en Tenerife ( el Teide que con sus3718 m le convierten también en el techo de España) y las orientales (Lanzarote y Fuerteventura) con su punto de mayor actividad en Timanfaya.

Las formas de relieve más característicos son: conos volcánicos coronados por un cráter que pueden descolgarse directamente sobre el mar originando grandes barrancos, calderas originadas por la explosión o hundimiento de un antiguo cono volcánico, roques o pitones de lava que quedan al descubierto al ser desnudados por la erosión de materiales más blandos y malpaíses o terrenos abruptos formados al solidificarse las lavas volcánicas rápidamente.

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LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES


1.- FACTORES DETERMINANTES DE LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES.

El manto vegetal alcanza en España una gran variedad producida por la conjunción clima / relieve; a ello hay que añadir la fuerte intervención humana pues salvo el 10% de la superficie peninsular (áreas del sureste, altas cimas, pedregales, arenales, saladares, tremedales…) , es decir al 90% le corresponderían formaciones arboladas. Hoy, sin embargo, ni siquiera un 20% de esa potencial superficie forma masas arboladas.

Además, la mayoría de nuestros bosques están hoy formados por especies introducidas por el hombre, bien trasladadas desde otras partes de nuestra geografía, bien introducidas desde fuera (especies alóctonas). En consecuencia, al ser fruto de intervenciones antrópicas no deben de ser considerados como bosques sino como cultivos forestales, con un cortejo vegetal y dinámica bien distinta.

Los factores que explican mejor esta fuerte antropización y la disminución del arbolado son los siguientes:

-unas actividades agroganaderas que por su carácter milenario, su intensidad y su extensión han limitado el desarrollo de formaciones arboladas además de alterar los horizontes más superficiales del suelo;

-el desarrollo de áreas urbanas, industriales y todo tipo de infraestructuras (ferroviarias, autovías, embalses, de ocio…);

-un problema secular en los países mediterráneos: el fuego (bien por negligencias, especulación urbanística, creación de pastos, de espacios para la caza…)que se ha convertido en un grave problema difícil de combatir.

A pesar de todo, el segundo elemento que mejor define la vegetación española,  es la variedad vegetal. Aquí hemos de considerar la situación y la amplitud ecológica peninsular, además de la especificidad canaria; de esta manera la singularidad y la riqueza florística radica en las más de 6000 especies vegetales distintas. Esta enorme riqueza se debe al carácter de encrucijada de nuestros territorios bajo la influencia de dominios climáticos bien diferentes (oceánico, mediterráneo, subtropical canario).

Además, la altitud – con sus alteraciones de temperatura y de precipitaciones – da lugar a estratificaciones propias de las áreas montañosas, en pisos de vegetación, cuyo cambio más apreciable es la ausencia de vegetación arbórea por encima del techo forestal (1600 a 2200 metros según montañas). La exposición de las vertientes a la mayor o menor insolación (solana / umbría), a la mayor o menor frecuencia de las perturbaciones ( barlovento / sotavento) así como la naturaleza del roquedo (silícea, caliza y arcillosa) explican formaciones vegetales a escalas menores.

Regiones florísticas de España

Así pues, la situación de la Península como extremo (de Eurasia) y puente (enlace con África) a la que hay que añadir cierto carácter de aislamiento, que le confiere la disposición periférica del relieve, explica la diferenciación florística que sitúa a nuestro país como el de mayor número de endemismos del continente europeo.

A gran escala, todos los territorios españoles tanto peninsulares como insulares forman parte del reino Holoártico (al norte del Trópico de Cáncer) que a su vez está dividio en 11 regiones florísticas de las que 3 forman parte de nuestro país:

-región EUROSIBERIANA que incluye la España atlántica y las montañas fresco-húmedas;

-región MEDITERRÁNEA que incluye el resto de España así como las montañas más meridionales; y

-región MACARONÉSICA que incluye el archipiélago de las Canarias.

2.- LOS PRINCIPALES DOMINIOS VEGETALES ESPAÑOLES.

 

2.a. El dominio vegetal latitudinal de la España atlántica.

 

Incluye las formaciones vegetales arbóreas y arbustivas (climácicas y de sustitución) de los dominios templados oceánicos y frecos-húmedos de montaña (cantábrica, pirenaica, galaico leonesa, ibérica, central y costero catalana). Vamos a distinguir el bosque caducifolio y las landas.

Robledal, carballeda (Quercus robur).

El bosque caducifolio: recibe otras denominaciones, como bosque ombrófilo (por su querencia a la humedad) o bosque de planifolios (por la disposición foliar del ramaje). Alcanza los 25-30 m. de altura y destaca por su frondosidad, llegando al pie del bosque , en ocasiones apenas el 10% de la luz) por lo que el cortejo arbustivo es raquítico y aparece sobre todo en los lindes y claros de los mismos. De menor entidad es el cortejo herbáceo que suele aprovechar la luz y la bonanza térmica de principios de la primavera y del otoño. Su hoja cae en otoño (excepto las del acebo y las del tejo) y se descompone con gran facilidad originando un horizonte superficial muy rico en humus.

Tienen cierta tendencia a formar masas monoespecíficas aunque en ocasiones forman bosques mixtos. Destacan hayedos y robledales.

Robledales: difícil formando masas donde domina el carballo o carbayu, es más fácil encontrarlos mezclados con hayas y otros robles e incluso castaños; ocupan los robles pisos más bajos que el haya por su menor tolerancia al frío; son también menos exigentes en humedad ambiental. Su cortejo florístico está compuesto por avellanos, tilos, arces, fresnos, acebos y serbales. En la actualidad están muy mermados al ocupar suelos por los que historicamente han competido la agricultura y la ganadería cantábrica; además tiene poco interés para la población rural pues se han perdido muchos de los usos tradicionales de su madera y los turnos de corta superan los 150 años, por lo que carece de interés económico en las repoblaciones. Uno de los árboles sagrados en la mitología de los pueblos celtas y de otras religiones paganas.

Hayedo. Selva de Irati (Navarra)

Matorral de montaña. Landa cantábrica.

Hayedos: frecuente formando masas monoespecíficas, destacan los hayedos cantábricos y los pirenaicos (donde aparecen mezclados con abetos: hayedo/abetal); otros núcleos en Urbión, Moncayo, Demanda, Somosierra y el Montseny. El cortejo florístico es muy parecido al de los robledales, aunque el haya siempre ocupa estratos superiores al estar mejor adaptado al frío y al ser más exigente en humedad ambiental. Además de los citados, también se acompaña de tejos y, en zonas más altas, de abedules, árbol éste que puede formar importantes bosquetes por encima de las hayas. El sotobosque puede incluir arándanos y  acebos. De buena madera es un bosque que presenta interés económico pues los turnos de corta son de 80 a 100 años, lo que les hace indicado para repoblaciones.

La landa: constituye la formación arbustiva, de sustitución, que aparece allí donde el bosque caducifolio no prospera o ha sido degradado. Es un matorral perennifolio con hojas muy pequeñas o inexistentes y acompañado, a veces, de herbáceas y helechos. Entre los matorrales predominan los brezos o urces, los tojos y los piornales además de helechos y arándanos. Forman un tapiz bajo, siempre verde que en la alta montaña se sitúa por encima del piso forestal. (Piornales, escobonales, brezales…).

Otra formación característica son los prados: espacios donde domina la vegetación herbácea y que son el resultado de la intervención humana para crear espacios dedicados a la ganadería; se han extendido a expensas de las formaciones caducifolias originales.

2.b. Los dominios vegetales latitudinales de la España mediterránea interior y costera.

Al incluir este dominio espacios de características tan dispares nos encontramos con una gama de formaciones vegetales más variadas. No obstante algunas características comunes permiten identificar aquellas formaciones que podemos agrupar como bosque mediterráneo. Las formaciones arbustivas de sustitución más extensas son las maquias y la garriga.

Monte mediterráneo denso. Encinar (Quercus ilex).

El bosque mediterráneo: recibe también el nombre de bosque esclerófilo, perennifolio y durisilva. De todas, la especie más extendida es la encina y por ello el encinar la formación vegetal de mayor recorrido pues están prácticamente presentes en toda la geografía peninsular (desde lugares con isoterma 5 a 18ºC o isoyetas de 300 a 2000 mm o en cualquier tipo de sustrato rocoso) ; se concentran, no obstante, en las penillanuras del SO y escasean en el N y en el SE (aunque por razones bien distintas). Completa y/o complementa la durisilva el alcornoque, especie más exigente en humedad y menos tolerante al frío por lo que su presencia está mucho más restringida: el alcornocal está extendido por el SO de la Península (de Extremadura a Málaga) y por el NE (Barcelona y Gerona) además de sierras levantinas(Castellón y Valencia). En Castilla y León en SO de Salamanca y en El Bierzo.

El monte mediterráneo no es muy alto, pues no sobrepasa los 20-25 m de altura. Toda su morfología, y particularmente la del encinar, es una adaptación a la aridez estival característica del clima mediterráneo: las hojas son duras, pequeñas, coriáceas, espinosas y con copas amplias y gruesa corteza; estrategias todas orientadas a mantener el máximo de humedad e impedir la evaporación.

Su cortejo arbustivo es también perennifolio y el monte, en su conjunto, crece lentamente alcanzando su techo por encima de los 300 años, en ocasiones llegando a los 7-8 siglos. Produce biomasa de forma moderada formando su materia un manto que se descompone lentamente; su hoja se renueva permanentemente y se mantiene entre 2 y 4 años en las ramas.

Sus usos son muy variados: leña y carboneo por su potencial calorífico; buena madera, dura y resistente para carrocería, ruedas y aperos agrícolas; bellotas para la montanera del cerdo ibérico; al acoger gran cantidad de fauna se aprovecha cinegéticamente. Son de destacar los encinares y alcornocales adehesados o en monte hueco, conformando sistemas mixtos agroganaderos de carácter extensivo. Mención especial para el aprovechamiento del corcho del alcornoque.

El encinar interior o carrascal: en el interior peninsular, como el clima se continentaliza, se asienta una subespecie de encina que comúnmente llaman carrasca: alcanza toda la Meseta, el valle del Ebro y el interior del valle del Guadalquivir y está muy bien adaptaba al rigor del invierno. No así su cortejo arbustivo que varía según los rasgos climáticos encontrándose especies muy dispares: enebros, piornos, estepas, cantuesos y tomillos en el Duero frente a jaras, acebuches, durillos, madroños, aladiernos o mirtos en las sierras extremeñas, del Tajo y del Guadiana, donde las condiciones son más termófilas.

Matorral mediterráneo. Maquia.

El encinar costero o provenzal se desarolla a partir de otra subespecie menos tolerante al frío, sobre bordes litorales del Mediterráneo desde el Llobregat a la Provenza francesa (de ahí su denominación) aunque penetra en enclaves favorables del Ebro y del Levante. Aparece muy asociada al alcornoque por su misma querencia termófila. El cortejo arbustivo incluye especies como el durillo, el madronño, el lentisco y la coscoja, además de trepadoras (madreselva, zarzaparrilla, clemátide..) .

Las formaciones sustitutivas del monte mediterráneo aparecen allí donde éste se degrada por aridez excesiva, tala, usos pastoriles abusivos o incendio. Se denominan maquia y garriga.

La maquia es un matorral persistente y perennifolio de entre 1´5 y 2´5 metros de altura, allí donde puede ocultarse una persona. Forma un tapiz a veces discontinuo y de corte xerófilo que reúne arbustos como el acebuche, el romero, la adelfa o la jara. Cuando se continentaliza aparecen enebros, tomillos, espartos o cantueso.

Matorral mediterráneo. Garriga.

La garriga es también una formación arbustiva pero asociada al encinar costero o provenzal y que se desarrolla cuando éste y su microclima umbroso han sido degradados; dan entonces lugar a plantas heliófilas como la coscoja, las jaras, los romeros y otras plantas aromáticas.

Entre las Béticas y el Mediterráneo, en Murcia y Almería con aridez superior o igual a 5 meses y precipitaciones muy escasas, se desarrolla otra formación arbustiva llamada espinal murciano-almeriense: arbustos de escaso porte y hojas muy pequeñas que a veces se reducen a espinas (espino negro, cambrón) y plantas de procedencia norteafricana (el palmito, la sabina mora).

Marcescencia. Rebollar o melojar (Quercus pirenaica).

Un caso aparte lo constituye el bosque marcescente. La marcescencia es un rasgo de algunas especies caducifolias pero que no terminan de perder la hoja hasta principios de marzo, (de ahí su nombre) manteniendo buena parte de la misma, ya seca, durante el invierno. No son bosques mediterráneos ni atlánticos sino que se dan en espacios de transición entre ambos climas y por tanto se encuentran presentes en lugares frescos y subhúmedos, soportando una aridez estival de 2-4 meses. Se extienden por los bordes montañosos de las cordilleras peninsulares  y en las altas tierras de la Meseta así como en las penillanuras del Oeste. Sus árboles más representativos son dos especies de robles más rústicos que los del clima oceánico: el rebollo o melojo (más cercano al clima oceánico y predomiando por tanto en la mitad norte y occidental) y el quejigo (llamado roble enciniego, más termoófilo y más cercano al clima mediterráneo y con predominio, por tanto, en las montañas del este y sur peninsular).

El cortejo arbustivo es similar al de los espacios donde se encuentran estas masas, que por lo demás, suelen aparecer formando bosques mixtos entre ellos o bien con encinas y alcornoques (lo que confirma precisamente ese rasgo transicional). Al extenderse preferentemente sobre los altos páramos y los bordes montañosos y ocupar tierras marginales para el uso agrícola fueron descuajados para acometer repoblaciones salvajes durante los años 50 (Valderaduey-Cueza, por ejemplo) con pinos maderables. Sus troncos poco rectilíneos y la importación de robles de crecimiento rápido no les hacen interesantes desde el punto de vista económivo. En condicones más continentales, al reducirse la precipitación el rebollar alcanza un pequeño porte por lo que se le denomina monte bajo. No obstante quedan algunos bosques en buen estado en Castilla y León (El Rebollar, Salamanca).

2.c. Las modificaciones introducidas por la montaña.

Las claves para entender la vegetación de montaña se encuentran en las modificaciones que introduce la altitud y la orientación de las vertientes. Además de aumentar las precipitaciones (lluvias orográficas)  y disminuir la temperatura (gradiente térmico), la orientación de las vertientes puede modificar localmente la cuantía de las precipitaciones (barlovento/ sotavento) y las tasas de insolación (umbría/ solana).

Lo que nos encontramos en la montaña son una serie de asociaciones vegetales que se suceden como consecuencia de los cambios climáticos que introducen altitud y orientación originando pisos bioclimáticos; tales asociaciones se llaman cliseries o vegetación clímax. Ni que decir tiene que esta vegetación climácica está alterada por la actividad humana pero aún así

es posible señalar algunos rasgos generales que diferencian unas montañas de otras. Los pisos que forman las cliseries varían de unas montañas a otras en base al clima y a la latitud.

Común a todas ellas son los umbrales térmicos que muchas plantas no soportan; así por ejemplo existe un techo forestal, a partir del cual no prosperan ya los árboles, que dejan paso al matorral y landas de montaña que, a su vez, son sobrepasados por los herbazales de alta montaña (buena parte del año bajo el manto de nieve).

La montaña eurosiberiana es la propia del N peninsular y enclaves favorables de Catalánides, Ibérica y Central. En ella la vegetación se organiza esquemáticamente de la siguiente forma:

Piso colino (500-1000 m): de clima suave y oceánico con bosques planocaducifolios (Robledal con fresno, tilo, arce, castaño…).

Piso montano (1000-1600 m): de clima fresco-frío y húmedo con bosques planocaducifolios (roble, hayedos, hayedo/ abetal, serbal, abedul; marcando el techo forestal,  abedules, pino silvestre, pino negro).

Piso subalpino (+ de 1600 m): clima frío de montaña, frecuentes nevadas (landa de matorrales, pastizales, herbazales).

Piso alpino (+ de 2000 m): clima de alta montaña con varios meses de permanencia de la nieve, (herbazales de alta montaña, roca desnuda).

Estos pisos corresponde a laderas de orientación N. En laderas orientadas al S pueden aparecer rebollos, quejigo y encinas.

La montaña mediterránea          más termófila incluye especies no eurosiberianas; si acaso algunos robles marcescentes en laderas orientadas al N. Esquemáticamente sus pisos se organizan de la siguiente forma:

Piso termomediterráneo (hasta los 500 m): de clima mediterráneo cálido destaca el encinar; allí donde la humedad lo permite aparece el alcornocal; en lugares más secos se desarrolla  maquia arbustiva.

Piso mesomediterráneo (400-800 m): además de los bosques perennifolios de encina y/o alcornoque aparecen ya robles marcescentes como el quejigo (de mayor tolerancia al frío y exigencias subhúmedas.

Piso supramediterráneo (800-1800 m): de clima mediterráneo fresco el frío limita al alcornoque; persisten bosques perennifolios y bosques mixtos de quejigos y encinas y ahora también rebollos y enebros o sabinas; también pino silvestre y pino carrasco. En sierras penibéticas, el pinsapo: un abeto mediterráneo. Este piso constituye el techo forestal.

Piso oromediterráneo (hasta los 2500 m): matorral de montaña (enebro, piorno) y pastizales frescos, salvo el verano. Roca desnuda.

Piso criomediterráneo (por encima de los 2500 m): herbazales, gran extensión de roca desnuda.

2.d. Otras formaciones vegetales.

Aparecen por toda la Península formaciones vegetales que trascienden la clasificación anterior pues responden a hechos y condiciones ciertamente singulares; son los bosques de coníferas y los bosques de ribera.

Pinar de Lillo (León). Pinus silvestris

 Los bosques de coníferas: su distribución responde básicamente a la intervención humana y son más bien cultivos forestales, repoblaciones de valor económico. Son así numerosos los bosques de pino silvestre, carrasco, piñonero, resinero y negral si bien es cierto que en algunos casos aparecen como formaciones naturales. La mayoría de ellos tiene un gran recorrido ecológico por lo que se utilizan en numerosas estaciones forestales.

Ribera del Torío (León).

Conviene, sin embargo, resaltar algunas coníferas de alto interés ecológico que forman bosques o rodales que se conocen –según el grado de dominancia de la especie- como tejedas, abetales (querencia por las montañas frescas septentrionales), sabinares, enebrales (en espacios de montaña continental) y pinsapares (montaña mediterránea). Son todas ellas especies perennifolias.

Los bosques de ribera: están presentes en todos los cursos de agua permanente de la Península (en las islas los cursos son de escasa entidad y recorrido) y no dependen tanto de las precipitaciones sino de la humedad del suelo. En ocasiones reciben también el nombre de bosque-galería: en los tramos donde el lecho fluvial es estrecho y los árboles de las orillas llegan a formar una bóveda sobre el agua. Alcanzan un gran desarrollo tanto en altura (distinguiéndose varios estratos) como en anchura (bandas de vegetación). Son bosques pluriespecíficos y caduciflios.

Sobre las orillas se asientan arbustos y árboles muy bien adaptados a la inundación periódica (sauces y alisos); hacia el exterior se instalan especies con menos exigencias hídricas como el fresno, el chopo, el álamo y el olmo. A veces de forma natural, a veces por selección, aparecen masas monoespecíficas (así fresnedas, alisedas, saucedas, olmedas, alamedas… muy frecuentes en la toponimia española. En la actualidad las choperas son consideradas cultivos forestales).

Esta es una reconstrucción clímax que puede alcanzar su máximo desarrollo en el curso medio-bajo del río, en las llanuras aluviales y vegas de inundación. En ocasiones desarrollan un rico cortejo de arbustos, lianas y trepadoras dando lugar a sotos y espesuras. Los ríos propiamente mediterráneos (salvo el Ebro) forman bosques riparios en base a caudales estacionales, apareciendo así especies bien adaptadas a la sequía como el tamarindo, la adelfa o el tamujar.

2.e. La vegetación de las islas Canarias.

Monteverde: PN de Garajonay (La Gomera)

Situadas en la región macaronésica constituyen un mundo aparte cuya originalidad se debe a su localización subtropical, al relieve y a la influencia del alisio sobre las laderas húmedas de barlovento.

Los endemismos son muy numerosos y muy abundante la vegetación relicta, aquella que ha quedado como muestra de los bosques terciarios que cubrieron estas latitudes.

Como promontorios que son, las islas organizan su vegetación en pisos bioclimáticos o altitudinales que nada tienen que ver con las montañas ibéricas. Destacan esquemáticamente:

Piso basal(hasta los 800 m): de aridez pronunciada, donde predominan matorrales ásperos y dispersos (vegetación xerófila)  como el cardón y la tabaiba. Por encima aparecen especies como el drago, la palmera o la sabina algo más exigentes en humedad.

Piso montano: (entre 800-2000 m): en las islas que sobrepasan esta altitud, el alisio  –al trepar por las laderas- refresca el ambiente y lo humedece bajo el llamado mar de nubes con gran importancia de las precipitaciones invisibles. Así aparece una formación, la laurisilva llamada también monteverde, un bosque relicto, pluriespecífico pero con dominancia de lauráceas, helechos y endemismos como el acebo o el madroño canarios. Cuando se degrada la laurisilva aparece una formación llamada fayal/ brezal. Por encima del mar de nubes, cuando el clima empieza a enfriar y hacerse más seco (entre los 1500-2000m)  nos encontramos con bosques de pino canario.

Piso de alta montaña (por encima de los 2000m): solo está presente en las islas de Tenerife y la Palma y en él predomina el matorral arbustivo de alta montaña, que adopta, a menudo formas almohadillas como estrategia se supervivencia en medios ya muy adversos. Los herbazales y la roca desnuda completan el panorama.

3.- LA DIVERSIDAD BIOGEOGRÁFICA DE CASTILA Y LEÓN.

Por tener una gran extensión, esta comunidad autónoma guarda un rico mosaico de conjuntos biogeográficos, resultado del relieve, del clima y de la acción antrópica; lejos de ser esta una comunidad homogénea a pesar de una primera apariencia. Y es que en ella encontramos un buen número de matices que originan, dentro de los grandes conjuntos biogeográficos, espacios propios de las zonas de transición.

La cuenca sedimentaria del Duero: es el espacio más degradado por los usos agroganaderos ya milenarios. La vegetación potencial la constituye la encina, bien adaptada a los rigores climáticos y a la continentalidad. Ocupa aún numerosos páramos y cuestas y ha perdido presencia en las campiñas. Por varias razones (pastoreo abusivo, continentalidad…)es sustituida por una formación arbustiva llamada carrascal. En otros lugares (Tierra de Pinares, al sur del Duero) ha sido sustituida en favor de pinos (piñonero, resinero).   En los bordes fluviales nos encontramos bosques de ribera (aliso, sauce fresno, chopo, álamo, olmo…) que solo encuentran buen desarrollo allí donde no han sido sustituidos por cultivos o por choperas.

En los piedemontes, la zona de transición entre la cuenca sedimentaria y los rebordes montañosos, se instalan –según orientación de las vertientes- rebollares (marcescencia), encinares ( perennifolios) y matorrales de sustitución que según condiciones locales forman tomillares, retamares o escobonales, jarales y brezales.

En las penillanuras del oeste dominan encinares adehesados que, en ocasiones, pueden formar bosques mixtos con rebollos y/ o quejigos. En situaciones también muy particulares se mezcla con alcornoque (SO de Salamanca y algunas sierras bercianas). La degradación de estos espacios origina jarales y escobonales.

En las montañas es donde los bosques están mejor representados, ocupando la orla altitudinal entre los 1000-1600 metros. En base a la variedad de dominios de montaña de nuestra comunidad autónoma nos encontramos con numerosos tipos:

bosques caducifolios en la montaña más húmeda de la C. Cantábrica y de los Montes de León (castaños, robledales y/o hayedos); estos últimos también en umbrías del Sistema Ibérico.

Sabinares en los altos páramos sorianos, el S.Ibérico e incluso en el sector oriental de la C. Cantábrica, siempre en condiciones de mayor rigor climático.

Rebollares y quejigares en toda la orla de transición oceánico-mediteránea, tanto en el S. Central como en las estribaciones de la C. Cantábrica o del S. Ibérico.

Pinares, bien como bosques (Pinar de Lillo, Sierra Pinariega de Burgos y Soria) bien como repoblaciones madereras  (Valsaín, Segovia). El pino silvestre o de Valsaín marca el techo forestal de nuestras montañas.

Matorrales de sustitución (piornales, escobonales, brezales…) y herbazales constituyen las formaciones vegetales de las altas cumbres y allí donde el bosque se ha degradado.


GUIÓN PARA COMENTARIO DE UNA  CLISERIE DE MONTAÑA.

1.- Una breve introducción para referirnos a la especificidad de la vegetación de montaña:

-explicar las modificaciones que introduce la montaña en base  a la altitud y a la orientación de las vertientes (tanto desde el punto de vista de la insolación (solana / umbría)  como desde el punto de vista de las precipitaciones). Definir entonces solana y umbría, o bien hacerlo cuando se describan las especies que aparecen en dichas laderas. Definir así mismo barlovento  y de sotavento ( bien al principio, bien cuando se describa la vegetación de una y otra vertiente);

-definir el concepto cliserie y dejar claro que en la montaña la vegetación se organiza en pisos de vegetación o bioclmáticos;

-hacer una breve referencia a que los espacios de montaña son los menos antropizados y, en consecuencia, allí se encuentran las formaciones vegetales menos alteradas.

2.- Describir los pisos de vegetación y- si es posible, asignarles unos límites altitudinales y utilizar una denominación específica.

3.- Situar la cliserie en una de las tres regiones biogeográficas señaladas (eurosiberiana, mediterránea y macaronésica) en virtud de las especies que aparecen. No olvidar algunas de las especificidades más comunes: el haya como típica especie eurosiberiana, si aparece mezclado con abeto es sólo de los Pirineos; el encinar es propio de la montaña mediterránea: si aparece mezclado con alcornoque es de climas más suaves (sierras del sur y del litoral mediterráneo) y si aparece junto a robles rebollos y/o quejigos es propia de una zona de transición (oceánica-mediterránea). Si aparecen pinsapos es sólo propio de las Penibéticas. Si aparece la laurisilva y el pino canario, de la montaña canaria. Señalar siempre el techo forestal, es decir el límite entre los árboles y las formaciones de sustitución (aprovechar para explicar este concepto): landas de montañas y su carácter monoespecífico: brezales, escobonales, piornales,….

UN EJEMPLO.

El ejercicio que se presenta muestra una cliserie altitudinal, es decir una sucesión de formaciones vegetales que se dan en los espacios montañosos como consecuencia de las alteraciones que introduce la alitud y que modifica tanto las precipitaciones (lluvias orográficas) como las temperaturas (en base al gradiente térmico o gradiente vertical de temperatura). En Fitogeografía, cada uno de estos pisos de vegetación recibe también el nombre de pisos bioclimáticos.

Aunque hay también cliseries latitudinales, es en la montaña donde mejor se observan estos pisos tanto por ser un espacio más reducido como por estar menos humanizado. La sucesión de especies vegetales no es caprichosa y así observamos que en la ladera o vertiente sur de la montaña cantábrica aparecen encinas y no aparecen robles carballos, que sí aparecen en la vertiente septentrional. La encina es un árbol termófilo que se asienta sobre las solanas donde se registran tasas de insolación mayores; como especie mediterránea tolera bien la sequía y por eso la encontramos en esta ladera que puede ser considerada como de sotavento (la frecuencia de perturbaciones y frentes lluviosos es mayor en el N de la cordillera –en este caso vertiente de barlovento- que en el S). Esta ladera es también más continental, es decir, está menos influida o suavizada por la acción termorreguladora del mar: es más, la cordillera refuerza esa acción suavizadora en el lado norte de la cordillera al tiempo que aísla el lado sur. Así encontramos especies más continentales de robles (rebollos o melojos) en esta vertiente sur pues aguantan mejor los rigores climáticos del invierno y también la aridez estival. Por el contrario el roble carballo se instala en la vertiente norte –en este caso la umbría-  que en la cordillera Cantábrica hemos visto que es más suave: tiene mayores exigencias hídricas y exige inviernos menos duros. He aquí un claro contraste entre los pisos colinos de ambas vertientes. Por cierto, la presencia de estos robles “atlánticos” (el carballo o carbayu) nos indica ya un ámbito claramente eurosiberiano.

La presencia del haya es otra de las claves que permiten confirmar lo anteriormente dicho: el haya es otra especie eurosiberiana y además con una clara tendencia a formar masas monoespecíficas pues se asienta sobre pisos superiores (montano: 1000-1500m) donde la alteración humana es menor al presentar estos niveles suelos menos ricos (al contrario de lo que ocurre en el piso colino) y clima menos suave lo que hace al piso montano menos competitivo con la actividad agraria. Es especie de grandes exigencias hídricas (por eso no aparece en la montaña mediterránea) y tolera mejor el frío que el roble (por eso asciende hasta los 1500m aproximadamente). En muchos casos hayedos y robledales forman bosques caducifolios mixtos y por eso los acompañantes (arce, fresno, tilo, serbal ,acebo, avellano) suelen ser los mismos. El bosque caducifolio de hayas marca, en este caso, el techo forestal.

Por encima nos encontramos con el piso subalpino, allí donde el aire se reseca , el viento azota más las laderas y las cumbres y el frío empieza a limitar la actividad vegetativa de las plantas; en definitiva, las condiciones se hacen rigurosas, extremas y el estrato arbóreo deja paso a los matorrales de alta montaña, una formación vegetal de sustitución que también se denomina landa de montaña. Está formada por matorrales y plantas rastreras, a veces almohadilladas (al soportar varios meses el peso de las nieves) que también tienen tendencia a formar masas monoespecíficas dando lugar a un estrato arbustivo que recibe nombres como piornales, brezales, escobonales… en base a la dominancia de una de estas especies. Por encima, herbazales y roca desnuda.

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LA VARIEDAD CLIMÁTICA DE ESPAÑA.

 

1.- FACTORES CONDICIONANTES DE LA DIVERSIDAD CLIMÁTICA.

 1.1 Factores generales derivados de la situación de España.

La acusada variedad climática de España es consecuencia de una serie de factores tanto de orden general, derivados de la posición de España, como de carácter específico, derivados de la forma y el relieve peninsular. La latitud es considerada como un factor de primer orden: España se sitúa entre los 36º y los 44º N de la zona templada lo que determina la existencia de fuertes variaciones estacionales (dos solsticiales muy marcadas –verano e invierno- y otras dos equinocciales –primavera y otoño- más cortas y de transición. Canarias, bajo la influencia tropical, tiene un régimen de estaciones muy poco marcado.

Por otra parte, la situación dela Península Ibérica, en  una posición avanzada entre dos continentes (Europa y África) y entre dos mares (Mediterráneo y océano Atlántico) y en la zona de intercambio entre la atmósfera polar y la tropical convierten a ésta en una encrucijada de situaciones. Así las horas de sol (1900  frente a casi 3000) y las tasas de insolación presentan valores muy contrastados entre el norte cantábrico yla Costa del Sol. Por otra parte, la pluviometría anual se multiplica por 10 entre Finisterre y cabo de Gata (1500 mm frente a130 mm)

El tercer factor a tener en cuenta es de carácter termodinámico: la circulación general atmosférica en estas latitudes se encuentra dirigida, en altura,  por la corriente en chorro (jet stream) que es una corriente de viento de estructura tubular, de dirección oeste-este y que determina el tiempo según las variaciones estacionales y las variaciones de velocidad de la corriente (150 Km/h ). Cuando la corriente pierde velocidad produce ondulaciones de tal manera que el aire polar penetra muy al sur y el aire tropical lo hace muy al norte originando una gran variabilidad al tiempo en la zona templada (donde nos encontramos). El chorro, por otra parte, cambia su posición según las estaciones: se desplaza hacia el sur durante el invierno y estaciones equinocciales afectando entonces más ala Península y se mantiene muy al norte durante el verano, razón por la cual durante esta estación el tiempo es mucho más estable (salvo en la franja cantábrica).

En superficie, la situación atmosférica está dirigida por las masas de aire, los centros de acción y los frentes. Las masas de aire (con características específicas según su lugar de origen) que más afectan nuestras latitudes son: la tropical marítima (cálida y húmeda), la polar marítima (fría y húmeda), la tropical continental (muy cálida y muy seca), la polar continental (muy fría y seca) y la ártica (muy fría y húmeda). Cada una de ellas es responsable de un determinado tipo de tiempo: como no afectan por igual y con la misma frecuencia a todo el territorio nos encontramos con esa señalada variabilidad.

Con carácter general se pueden señalar como principales centros de acción los siguientes y son de origen atlántico: el anticiclón de las Azores responsable del tiempo estable (en menor medida los anticiclones de Escandinava, del continente europeo, etc.) y la depresión de Islandia y del Atlántico, responsables de tiempo inestable (en menor medida la del golfo de Génova o la del interior dela Penínsuladurante el verano).

Entre los frentes (zona de contacto entre masas de aire de características diferentes que al mezclarse producen una gran inestabilidad) el frente polar atlántico es –junto al ya señalado anticiclón de las Azores- el otro gran motor del clima: a él se asocian  familias de borrascas que barrenla Penínsulade oeste a este y origina las ¾ partes de las perturbaciones lluviosas. No se puede hablar de un frente mediterráneo (pues este mar no es fuente de masas de aire) pero sí es cierto que el carácter del mismo modifica las masas de aire reactivando, en algunos  casos, las borrascas que allí llegan.

Es justo en este ámbito mediterráneo donde más importancia cobran los fenómenos de gota fría (final del verano al invierno) producidos cuando un embolsamiento de aire frío se descuelga de la corriente principal y se estaciona sobre este mar calentado durante el verano; entonces este aire cálido, enfriado rápidamente, se inestabiliza bruscamente dando lugar a violentas precipitaciones de alta intensidad horaria.

1.-2 Factores específicos derivados del relieve y forma peninsulares.

En primer lugar, debido a la forma ancha y maciza dela Península, a sus costas rectilíneas y poco recortadas y a la disposición periférica del relieve se debe señalar que la influencia del mar es escasa lo que determina una fuerte dualidad entre las estrechas franjas litorales y el interior; en cambio, en los archipiélagos la influencia termorreguladora del océano es decisiva.

El relieve, por otra parte, juega un papel fundamental a la hora de explicar el complejo panorama climático de España. Su carácter perimetral (exceptuandola Depresión del Guadalquivir) tiene importantes repercusiones:

–          la influencia marina, además de las estrechas franjas litorales, sólo penetra por la depresión Bética.

–          La dirección oeste-este de los principales sistemas montañosos favorece la circulación del oeste y explica que las precipitaciones disminuyan hacia el oriente.

–          Las grandes cuencas encerradas por montañas y por el efecto orográfico de las precipitaciones tienen precipitaciones escasas y nieblas frecuentes (por el estancamiento del aire: en Zaragoza, por ejemplo, la niebla es el meteoro más importante).

–          Además de precipitaciones orográficas (mayores en las zonas de barlovento que a sotavento o sombras pluviométricas)  la altitud produce un descenso de las temperaturas (gradiente térmico o vertical de temperatura: a razón de 0’6 º por cada 100 mde altitud).

–          Finalmente, la diferente orientación de las vertientes montañosas provoca acusadas diferencias entre las solanas( orientadas al sur) y las umbrías ( orientadas al norte).

El resultado final de la combinación de estos factores es la gran variedad de tipos y subtipos climáticos y microclimas de España.

2.- LA DIVERSIDAD CLIMÁTICA DE ESPAÑA.

 Temperaturas, precipitaciones y aridez –junto a insolación, nubosidad, evapotranspiración…– son los elementos,  que combinados,  conforman

Según el total de precipitaciones anuales, en la Península Ibérica se distinguen tres zonas: los dominios climáticos.

  • Iberia húmeda: (por encima de los 800 mm anuales). Coincide con los dominios oceánico y de montaña.
  •  Iberia seca: (con lluvias entre 300 y 800 mm anuales). Coincide con el dominio mediterráneo.
  •  Iberia semiárida (con precipitaciones inferiores a 300 mm). Se localiza en el sureste peninsular,  sombras pluviométricas del interior del valle del Ebro y este de Zamora y- fuera del territorio peninsular- en el archipiélago canario.

En cuanto a las temperaturas se pueden distinguir tres ámbitos teniendo en cuenta la oscilación térmica:

  • la zona costera, con influencias marinas, se caracteriza por la débil amplitud térmica.
  • el interior peninsular, con rasgos de continentalidad, y elevada amplitud térmica.
  • las zonas específicas de  montaña con variaciones de temperatura extremas tanto diarias como anuales.

La combinación de los elementos anteriores permite comprender la notable diversidad de climas en España, lo que permite individualizar varios conjuntos o dominios climáticos, y en todos los casos pueden diferenciarse abundantes subtipos.

2.1. El dominio atlántico.

Climas de predominio atlántico pueden ser considerados todos aquellos que, de una u otra manera, están condicionados por la influencia que ejerce este océano en toda la fachada occidental (desde el golfo de Cádiz) de la Península. Pero utilizando criterios más simplificadores se incluye sólo el llamado clima oceánico y una variante de éste, el clima suboceánico de transición a climas de interior. Se extienden por el tercio norte peninsular (excepción hecha de la alta montaña) es decir, las comunidades de Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, la Navarra atlántica y diversas zonas del Pirineo  aragonés y catalán.

En estos espacios las precipitaciones son abundantes (siempre por encima de 800 mm como corresponde a la Iberia húmeda) con un total anual que se sitúa entre los 1000 – 2000 mm y repartidos regularmente en 150 o más días y con nubosidad y humedad ambiental elevadas. Hacia el interior –Orense, Pamplona, Álava- la precipitación disminuye (700-1000mm). Es este un dominio que se encuentra bajo el influjo de las borrascas que se asocian al frente polar y que barren la Península desde el O-NO. Se aprecia un máximo de invierno y un mínimo, sólo relativo, de verano sin llegar a ser ningún mes seco; durante esta estación el anticiclón de las Azores se desplaza en latitud hacia el norte obligando a desplazarse al frente polar de tal forma que éste sólo llega a rozar el extremo norte peninsular (no obstante Gijón recoge casi 1/5 parte de sus precipitaciones durante el verano). Hacia ese domino suboceánico de transición se aprecia una pequeña aridez estival que puede alcanzar los dos meses (Pamplona, Orense).

El régimen de temperaturas se caracteriza por la suavidad debido a la influencia termorreguladora del océano y del mar Cantábrico: ni cálido ni frío tal y como indica la isoterma 11º – 15º (12º de Pamplona, 13º de Gijón, 14º de Orense) y una amplitud térmica por debajo de los 12º. Los verano son frescos en la costa y algo más cálidos hacia el interior (Navarra, Orense) y los inviernos suaves con medias para enero entre los 6º -10º, más frescos hacia el interior al disminuir la influencia marítima. En el interior (Álava, Pamplona, Orense) la amplitud térmica es, lógicamente, mayor (hasta 15º).

2.2. El clima de montaña.

Comprende aquellos territorios situados por encima de los 1000-1500 m de altitud aunque estos límites tengan un significado bien distinto en la montaña septentrional y en la meridional. Además conviene distinguir también entre la montaña y la alta montaña espacio éste donde las estaciones quedan reducidas a dos: un invierno frío y un verano corto.

Es el frío intenso y duradero el rasgo que mejor define estos espacios; el gradiente térmico que introduce la altitud llega a hacer extremas muchas de las condiciones de la media y la alta montaña. La isoterma anual es siempre inferior a 10º con veranos frescos (medias estivales no superiores a 20º) e inviernos fríos y duraderos (con uno o varios meses con medias en torno a 0º o por debajo de este valor en la montaña cántabro-pirenaica); no tanto en la montaña mediterránea con medias para enero cerca de los 5º). En consecuencia, una buena parte de las precipitaciones son de nieve aunque a partir de altitudes bien distintas según montañas ( no deja de ser llamativo el nombre de Sierra Nevada para una montaña tan meridional ). Incluso la nieve permanece en abrigos de umbría (neveros) durante todo el año.

El otro rasgo es el aumento de la precipitación respecto a los espacios circundantes en virtud de las lluvias orográficas. Así las precipitaciones, por norma general, superan los 1000 mm anuales aunque con umbrales muy dispares en base a la localización y la exposición de las vertientes. Como norma general las montañas son más húmedas cuanto más al norte, pero con excepciones llamativas como algunos enclaves de las Béticas (Grazalema, Sierra Bermeja) o el entronque de las Béticas con el Sistema Ibérico (Segura, Cazorla). También en algunos enclaves de la Ibérica o de las Catalánides se benefician de perturbaciones de origen mediterráneo con precipitaciones por encima de los 1000 mm. Y algunas sierras del interior –por lo general más secas- se ven regadas por advecciones atlánticas del SO (Gata, Gredos). Por lo señalado –aunque sea mucho más complicado- podríamos distinguir la montaña fresca-húmeda septentrional , la fría-seca del   interior y la más cálida meridional.

2.3. El dominio mediterráneo con rasgos climáticos difernciados.

Es el dominio que ocupa el área más extensa: todo el territorio peninsular al sur del domino oceánico, el archipiélago balear y los enclaves de Ceuta y Melilla. El enorme recorrido de este dominio origina una amplia gama de subtipos.

Una de las características que más llama la atención es la escasez de precipitaciones pues son siempre escasas ( por debajo de 700-800mm como corresponde al ámbito de la España seca, donde se enmarca) e irregularmente distribuidas tanto intermensual (de unos meses respecto a otros) como interanualmente (de unos años respecto a otros) siendo la sequía del verano (aridez estival) sus rasgo más característico. Las isoyetas más comunes están entre 400-500 mm y los umbrales de menor precipitación (menos de 300mm) se sitúan en sombras pluviométricas del Ebro y, sobre todo, del SE peninsular.

La posición durante el verano del anticiclón de las Azores y el desplazamiento hacia el norte de las borrascas asociadas al frente polar explican la persistencia del tiempo de verano y la escasez de precipitaciones Las advecciones de aire sahariano (tropical continental) muy cálido y seco con olas de calor asociadas –que afectan, sobre todo, a la mitad sur- intensifican ese periodo árido. Las lluvias son mayormente equinocciales, de primavera y otoño, cuando el anticiclón de las Azores se desplaza hacia el sur y con ello permite un recorrido más meridional al frente polar y a las borrascas atlánticas a él asociadas. Rasgo característico de las zonas litorales es la presencia de fenómenos de gota fría desde final del verano a principios de invierno.

Los mismos contrastes se pueden observar en el régimen de temperaturas con isotermas anuales dispares  (desde los 18º del litoral andaluza los 11º de las altas tierras castellanas); temperaturas anuales  que como rasgo general descienden de norte a sur y del litoral hacia el interior. De acuerdo con la variación que experimentan precipitaciones y temperaturas se distinguen –grosso modo– estos subtipos:

a.- mediterráneo interior con rasgos de continentalidad  o mediterráneo continentalizado, comprende, a grandes rasgos, el interior peninsular excepto algunas sombras pluviométricas próximas a los subtipos áridos.
El rasgo más llamativo es la ausencia de influencias marítimas debido a la disposición periférica de las cordilleras y, en muchos casos, la elevada altitud media de las tierras por las que se extiende. En consecuencia presenta valores altos para el verano y bajos para el invierno aunque con matices debido a las numerosas particularidades de un dominio tan extenso. Así se presentan amplitudes térmicas muy acusadas, por encima de 15º y en muchos casos por encima de 20º. El régimen de precipitaciones también presenta diferencias notables (300-800 mm) pero con notas comunes: la sequía estival (de apenas 2 meses en el subtipo freco-frío de las altas tierras del Duero a más de 4 meses de duración en Extremadura e interior del valle del Guadalquivir), la irregularidad estacional,  y la irregularidad interanual. Los contrastes pluviométricos se deben a la frecuencia de las borrascas atlánticas que afectan más al oeste y al suroeste (cuando penetran desde el golfo de Cádiz). La riqueza de matices de este subtipo podría dar lugar a individualizar otros de escala más reducida: el fresco-frío de la submeseta norte y altas parameras de Cuenca y Teruel, el de acusados contrastes térmicos de la submeseta sur y el de veranos cálidos, aridez pronunciada e inviernos suaves de Extremadura y centro-oeste de Andalucía.

b.- mediterráneo litoral o marítimo que comprende la costa mediterránea (excepción hecha de las áreas del SE), el archipiélago balear y Ceuta y Melilla . De precipitaciones escasas, en general valores algo más bajos que el subtipo anterior (300-700 mm) y mayor irregularidad con un marcado carácter otoñal; muy dispares de unos años a otros y con frecuencia ocasionadas por la gota fría (sobre todo en octubre). La frecuencia y la fuerza de las borrascas de origen atlántico son aquí mucho menores.. Las precipitaciones son más generosas en el norte de este área. El otro rasgo llamativo es la bonanza térmica, por el efecto suavizador del Mediterráneo que deja valores menos cálidos para el verano y un invierno muy suave (mes más bajo por encima de 10º) y, en consecuencia, la oscilación térmica se modera (por debajo de 15º). La aridez estival supera los 3-4 meses y aún más hacia las áreas meridionales.


c.- mediterráneo seco subdesértico
o también estepario cálido comprende las áreas más secas del SE peninsular y algunas sombras pluviométricas (valle medio del Ebro en Aragón). La indigencia de las precipitaciones es el rasgo más característico al situarse éstas por debajo de los 300 mm. Y encuentran su mínimo peninsular en el cabo de Gata (apenas 150 mm). Así el periodo de aridez traspasa claramente los límites del estío: verano muy prolongado y ausencia de meses fríos caracteriza el régimen térmico. La explicación radica en que el área se encuentra a sotavento de las borrascas atlánticas por el efecto pantalla de la barrera de las Béticas, que también se encuentran muy lejos de los centros depresionarios mediterráneos y que son frecuentes las advecciones de aire seco y cálido de origen sahariano. En el medio Ebro la sombra pluviométrica la constituyen los Pirineos, la Costero-Catalana y el Sistema Ibérico. En el sureste peninsular nos encontramos con una isoterma anual de hasta 18º consecuencia de veranos cálidos e inviernos muy suaves

 

2.4.El clima de influencias tropicales en las islas Canarias.

Por su posición, cercanas al trópico, se sustraen al dominio de la circulación general del oeste. Sus influencias son el anticiclón de las Azores, el aire tropical marítimo y los vientos alisios que soplan desde el NE. En invierno accede aire polar del N y en verano advecciones de aire sahariano, cálido y muy seco. El efecto del océano y de la corriente marina fría de Canarias es una barrera para la entrada de aire sahariano.

El relieve insular genera además grandes contrastes por el gradiente térmico y por la oposición entre vertientes. Así las encaradas al N y al alisio húmedo son más frescas y lluviosas que las que miran al S, más cálidas y secas. Los contrastes son brutales entre las cumbres y la costa tanto en lo que se refiere a la insolación y las isotermas anuales como a la pluviometría. Así en la costa tienen hasta 3000 horas de insolación, isoterma anual de 20º, ausencia total de heladas y ningún mes frío; además una amplitud térmica 5-7º lo que nos sitúa en esas influencias tropicales y permiten hablar de un clima de eterna primavera.

La precipitación es escasa e irregular con varios meses secos y totales que oscilan entre 250-500 mm pero con registros de apenas 100 mm en abrigos de la costa S. Las precipitaciones orográficas cobran, junto con las precipitaciones horizontales e invisibles, una gran importancia sobre todo en las vertientes húmedas de barlovento (superando los 1000mm de precipitación). Así verano prolongado cálido y seco que se alterna con meses más húmedos y la ausencia de estación fría acercan  este dominio a los rasgos de carácter tropical.

LA DIVERSIDAD CLIMÁTICA DE ESPAÑA.

La acusada variedad climática de España es consecuencia de una serie de factores tanto de orden general, derivados de la posición de España, como de carácter específico, derivados de la forma y el relieve peninsular. La latitud es considerada como un factor de primer orden: España se sitúa en una posición avanzada entre dos continentes (Europa y África) y entre dos mares (Mediterráneo y océano Atlántico) y en la zona de intercambio entre la atmósfera polar y la tropical. Es por tanto una encrucijada de situaciones. Así las horas de sol y las tasas de insolación presentan valores muy contrastados entre el norte cantábrico y la Costa del Sol, por ejemplo. La pluviometría anual se multiplica por 10 entre Finisterre y cabo de Gata.

Desde el punto de vista termodinámico lo primero que se debe señalar es que la circulación general atmosférica en estas latitudes se encuentra dirigida, en altura,  por la corriente en chorro (jet stream) que es una corriente de viento de estructura tubular, de dirección oeste-este y que determina el tiempo según las variaciones estacionales y las variaciones de velocidad de la corriente. Cuando la corriente pierde velocidad produce ondulaciones de tal manera que el aire polar penetra muy al sur y el aire tropical lo hace muy al norte originando una gran variabilidad al tiempo en la zona templada (donde nos encontramos). El chorro, por otra parte, cambia su posición según las estaciones: se desplaza hacia el sur durante el invierno y estaciones equinocciales afectando entonces más a la Península y se mantiene muy al norte durante el verano, razón por la cual durante esta estación el tiempo es mucho más estable (salvo en la franja cantábrica).

En superficie, la situación atmosférica está dirigida por las masas de aire, los centros de acción y los frentes. Las masas de aire (con características específicas según su lugar de origen) que más afectan nuestras latitudes son: la tropical marítima (cálida y húmeda), la polar marítima (fría y húmeda), la tropical continental (muy cálida y muy seca), la polar continental (muy fría y seca) y la ártica (muy fría y húmeda). Cada una de ellas es responsable de un determinado tipo de tiempo: como no afectan por igual y con la misma frecuencia a todo el territorio nos encontramos con esa señalada variabilidad.

Con carácter general se pueden señalar como principales centros de acción los siguientes y son de origen atlántico: el anticiclón de las Azores responsable del tiempo estable (en menor medida los anticiclones de Escandinava, del continente europeo, etc.) y la depresión de Islandia y del Atlántico, responsables de tiempo inestable (en menor medida la del golfo de Génova o la del interior de la Península durante el verano).

Entre los frentes (zona de contacto entre masas de aire de características diferentes que al mezclarse producen una gran inestabilidad) el frente polar atlántico es –junto al ya señalado anticiclón de las Azores- el otro gran motor del clima: a él se asocian  familias de borrascas que barren la Península de oeste a este y origina las ¾ partes de las perturbaciones lluviosas. No se puede hablar de un frente mediterráneo (pues este mar no es fuente de masas de aire) pero sí es cierto que el carácter del mismo modifica las masas que allí llegan reactivando, en algunos casos, las borrascas que allí llegan.

Es justo en este ámbito mediterráneo donde más importancia cobran los fenómenos de gota fría (final del verano al invierno) producidos cuando un embolsamiento de aire frío se descuelga de la corriente principal y es estaciona sobre este mar calentado durante el verano; entonces este aire cálido, enfriado rápidamente, se inestabiliza bruscamente dando lugar a violentas precipitaciones de alta intensidad horaria.

Factores específicos como la forma y, sobre todo, el relieve peninsular configuran un panorama de gran complejidad. El relieve ejerce una influencia considerable en la temperatura pues, de una parte, ésta disminuye según la altura (gradiente térmico)  y, de otra, también se modifica según la orientación de las laderas (solana/umbría). De la misma manera altera la cuantía de las precipitaciones bien por el efecto orográfico o dependiendo de la orientación de las vertientes (barlovento/sotavento). Así pues, en general, la disposición periférica del relieve peninsular aísla al interior de España del efecto suavizador (termorregulador) del mar y extrema los rigores del frío y, además, provoca lluvias abundantes en los espacios litorales y acrecienta el carácter seco del interior.

Por todo lo expuesto se pueden señalar –aún a riesgo de simplificar- los siguientes  tipos y subtipos climáticos.

a.- el dominio atlántico: también llamado clima oceánico, se extiende por la franja cantábrica desde Galicia a la Navarra “atlántica” y diversas zonas del Pirineo aragonés y catalán. Las precipitaciones abundantes ( 1000-2000 mm) y regulares   (aunque disminuyen hacia el sur: Orense, Álava, Pamplona pueden tener 1-2 meses secos; clima suboceánico) son consecuencia de la cercanía del frente polar y las borrascas asociadas a él. Sólo un mínimo relativo de verano por el desplazamiento del anticiclón de las Azores hacia latitudes más septentrionales. De temperaturas suaves, con inviernos frescos, sin meses fríos (salvo el interior de estas regiones) y veranos suaves con isotermas no superiores a 20º  consecuencia de la presencia abundante de nubes y de la acción termorreguladora del océano.

b.- el clima de montaña se sitúa en lugares por encima de los 1000-1500 m de altitud, aunque según montañas. Como rasgo más llamativo está la intensidad y duración del invierno con varios meses con isoterma en torno o por debajo de 0º (exceptuando las montañas meridionales, con valores por encima de 0º); junto con el verano corto y fresco proporciona una isoterma anual por debajo de los 10º (y muy por debajo en la alta montaña). Las precipitaciones, buena parte en forma de nieve (sobre todo en la cantabro-pirenaica), son abundantes pues a la frecuencia de las perturbaciones y borrascas hay que sumar el efecto pantalla del relieve que proporciona precipitaciones orográficas. Con rasgos extremos se encuentra el clima de alta montaña, donde las estaciones quedan reducidas a un invierno muy largo y un verano corto y con la presencia de nieve en abrigos o neveros durante todo el año.

c.- climas de tipo mediterráneo, con tres subtipos bien diferenciados: uno interior, otro litoral y otro seco o subdesértico. Es el dominio que ocupa el área más extensa razón por la cual ofrece notables diferencias entre regiones. Como rasgos comunes se pueden señalar: precipitaciones escasas a muy escasas, irregulares que unido a veranos largos y calurosos originan una acusada aridez estival. Las isotermas de invierno en el interior, por lo general bajas, y los veranos calurosos dan una gran amplitud térmica (salvo las zonas litorales). El progresivo alejamiento de la influencia del frente polar y sus borrascas  así como la mayor influencia del anticiclón de las Azores (sobre todo en verano) explican  este régimen termopluviométrico. Las lluvias son mayormente equinocciales (de primavera u otoño, según las zonas; incluso de otoño-invierno) y extremadamente violentas e irregulares cuando se asocian a la gota fría (fachada mediterránea).

El primer subtipo, el de interior, tiene rasgos de continentalidad al estar aislado de la influencia marítima debido al arco montañoso que rodea estas tierras. En consecuencia se extreman tanto las isotermas de invierno (varios meses fríos: más fríos cuanto más al norte) como las de verano (varios meses cálidos: más cálidos cuanto más al sur). Lo mismo sucede con las precipitaciones, con un recorrido cercano a los 800 mm en el oeste y bordes montañosos y cercano a los 400mm en el esta y sombras pluviométricas del Duero o del Ebro. En consecuencia la aridez estival es muy pronunciada en el sur y el este (interior del Guadalquivir, la Mancha con 4 meses) y menor en el norte (León, Burgos con 2 meses).

El subtipo mediterráneo litoral comprende el archipiélaqgo balear y la fachada marítima, excepctuando las áreas del SE peninsular). Le define muy bien la escasez de precipitaciones (300-700 mm), muy irregulares y, sobre todo, de fuerte carácter otoñal (estadísticamente octubre es el mes más lluvioso) al estar asociadas a la gota fría. Durante el resto del año la frecuencia y la intensidad de las borrascas atlánticas son aquí escasas. El otro rasgo es la bonanza térmica, con inviernos muy suaves (enero por encima de 10º) y veranos menos caluros por el efecto marino. La aridez estival puede superar los 4 meses en sus áreas más meridionales.

El tercer subtipo –mediterráneo seco subdesértico o estepario cálido- se extiende básicamente en el SE peninsular, incluyendo áreas de Murcia y Almería. La indigencia de las precipitaciones, por debajo de los 300 mm, alcanzan su mínimo en cabo de Gata (menos de 150 mm); es éste el lugar más alejado de las borrascas de origen atlántico que con frecuencia entran por el NO y, además, el efecto barrera de Sierra Nevada produce una gran sombra pluviométrica. Si a esto se le une el fuerte calor estival (frecuencia de advecciones saharianas) se comprende el rasgo más característico del dominio: la duración del periodo de aridez de 5 a 7 meses. El suave invierno aporta la otra clave para explicar la elevada isoterma anual, en torno a los 18º.

d.- Clima de influencias tropicales de las Canarias: muy cercanas al trópico, estas islas se sustraen al dominio de la circulación de los vientos del oeste. Sus influencias son el anticiclón de las Azores, el aire tropical marítimo y los vientos alisios que soplan desde el continente y se humedecen y refrescan al atravesar la corriente oceánica de Canarias. No obstante, puntualmente llegan coladas de aire polar marítimo que traen lluvias e incluso nieve en las cumbres cuando las borrascas atlánticas se desplazan muy al sur. La otra clave de este dominio la constituye el relieve causante de fuertes contrastes de temperatura y precipitación entre las cumbres y la costa, de una parte, y entre las laderas de barlovento y sotavento respecto de los vientos alisios. Las precipitaciones –salvo en laderas bien encaradas, son escasas o muy escasas (250-500mm) con varios meses secos y aridez estival prolongada. Pero, de todos, el rasgo más llamativo es la escasa amplitud térmica de apenas 6-7º, resultado de inviernos templados y veranos calurosos (aunque menos que en el interior del Guadalquivir) lo que da al clima ese aire tropical de “eterna primavera”.

COMO REALIZAR UN COMENTARIO DE UN CLIMOGRAMA.

 

1.- Régimen pluviométrico o análisis de las precipitaciones.

 

a.- fijarse en el total anual e insertar el climograma en un dominio de la España según Lautensach:

           

España húmeda: más de 800mm: precipitaciones abundantes.

                                      más de 1200 mm: precipitac. muy abundantes (hiperhúmeda).

 

España de transición o subhúmeda: 800-600 mm precipitac. moderadas altas.

 

España seca: menos de 600 mm: 500-600 mm precipitaciones moderadas.

                                                                 300-400 m precipitaciones escasas.

 

España árida o siempre seca: menos de 300 mm precipitaciones muy escasas.

                                                           menos de 150 mm extremadamente bajas.

 

 

b.- fijarse en la distribución: si hay o no meses secos (precipitaciones iguales o por debajo de 30 mm).

 Son regulares si no hay meses secos: bastante regulares si hay uno o dos meses secos; irregulares con 3 ó más meses secos; muy irregulares con más de 6 meses secos.

 

c.- indicar si hay presencia de nieve: cuando las temperaturas se sitúan en valores medios cercanos o por debajo de 0º.

 

2.- Régimen termométrico o análisis de las temperaturas.

 

a.- fijarse en la isoterma o temperatura media anual y ponerla en relación con la isoterma de enero y la de agosto (no tienen el mismo significado los 13º de Gijón que los de Albacete).

 

Menos de 10º es baja.

Entre 10 y 12 ª es fresca.

Entre 13 y 15 es moderada.

Entre 15 y17º es cálida.

18º y más es alta.

 

b.- análisis de las máximas y de las mínimas:

veranos frescos: con temperaturas medias por debajo de 20º

veranos cálidos: con algún mes con temperaturas medias de 20-22º

veranos calurosos: con algún mes con medias por encima de 22º

 

inviernos fríos: temperaturas medías por 5º o menos.

inviernos moderados: temperatura media del mes más frío entre 6-10º.

inviernos suaves: con media del mes más frío por encima de 10º.

 

c.- análisis de la oscilación o amplitud térmica anual: hay que ponerla en relación con los dominios de costa o de interior (influencia termorreguladora del mar).

De costa:

            Es muy baja con menos de 8º.

            Es baja con valores entre 9 y 12º.

            Es moderada con valores entre 12 y 15º

            De interior:

            Elevada con valores por encima de 16º

            Muy elevada con valores por encima de 20º.

 

3.- Análisis de la aridez estival.

 

Se considera mes árido cuando la curva de las precipitaciones está por debajo de las temperaturas: el valor doble de la temperatura (2T) es igual o mayor que elo valor simple de las precipitaciones (P). Aridez= 2T ºC > P mm.

 

4.- Explicar las variaciones estacionales.

 

Como norma general hacer referencia a los factores termodinámicos en altura (corriente en chorro), en superficie (anticiclón de las Azores, borrascas asociadas al frente polar) y otros de carácter específico (relieve, continentalidad) o excepcionales (gota fría).

 

5.-Clasificación y localización geográfica del clima.

 

El análisis de las variables señaladas hasta el momento y su particular combinación nos permitirán identificar el dominio climático y el subtipo, en su caso.

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