LA HIDROGRAFÍA PENINSULAR

LA HIDROGRAFÍA PENINSULAR.


1.- FACTORES FÍSICOS DETERMINANTES DE LA HIDROGRAFÍA PENINSULAR.

Son fundamentalmente cuatro los factores de orden físico que explican el comportamiento de los sistemas fluviales, de los acuíferos , de los lagos y de  las lagunas, es decir, de las aguas continentales.

 * el clima: las disponibilidades de agua de los ríos peninsulares dependen del comportamiento climático de los distintos dominios por los que atraviesan pues el agua de nuestros ríos, lagos y acuíferos procede en su totalidad del agua precipitada. Así nos encontramos con espacios de clima oceánico dentro de la España húmeda con precipitaciones abundantes y bien distribuidas; espacios de clima mediterráneo en la España seca con precipitaciones escasas, de carácter irregular y que provoca un estiaje  más o menos acusado; y, por último, espacios de clima de montaña con precipitaciones suficientes a abundantes (según montañas) y buena parte de ellas en forma de nieve; esto supondrá que parte de tales precipitaciones irán a parar a los colectores de la España seca una vez entrada la primavera.  Si a la variable precipitación le añadimos la variable temperatura la consecuencia es que el régimen térmico aún desfavorece más a la España seca, pues la evaporación, que resta efectivos al agua precipitada, es aún mayor.

También el caudal absoluto y  el  régimen fluvial (las variaciones de caudal  a lo largo de un año hidrológico)  de nuestros ríos dependen del régimen de precipitaciones (lluvias y aportes níveos). Así, atendiendo a la alimentación de los ríos peninsulares, podemos distinguir los siguientes regímenes fluviales:

– régimen nival: propio de espacios de alta montaña (por encima de 2500 m) donde la mayoría de las precipitaciones son en forma de nieve. Presenta un máximo de caudal o aguas altas muy extendido, de mayo a finales de junio, consecuencia de la fusión de las nieves; curiosamente presenta aguas bajas o “estiaje” de invierno (por retención) al no llegar los aportes sólidos al lecho fluvial. En la Península sólo se da en tramos de cabecera de ríos pirenaicos (Segre, Cinca,Ter) y en los derrames culminantes de Sierra Nevada.

– régimen nivo-pluvial: propio de ríos que nacen en la montaña entre 2000-2500m, de carácter mixto aunque con mayor relevancia de las nieves sobre las lluvias. Tiene un máximo de primavera por fusión de las nieves y otro máximo de origen pluvial en otoño. Cabeceras del Sella, Nalón, Aragón.

– régimen pluvio-nival: propio de espacios comprendidos entre los 1500-2000 m de altitud, donde la aportación nívea es menos relevante que las lluvias. Suele presentar un máximo de invierno-principio de primavera por repentina fusión de las nieves. Esla, Pisuerga, Tormes, Alagón, Júcar.

– régimen pluvial: allí donde el aporte nival o no existe o es insignificante. Propio de ríos que drenan vertientes por debajo de los 1000-1500 m. Es el más extendido de la Península y los periodos de máximos y mínimos registran los vaivenes del régimen de lluvias. Se distinguen los siguientes subtipos:

– pluvial oceánico: propio de los ríos dela Españaatlántica con máximos muy marcados de otoño e invierno y aguas atenuadas en verano (Miño, Tambre, Ulla)

– pluvial mediterráneo: su nota más característica es el marcado estiaje de verano; las aguas altas pueden ser de otoño como los ríos de la fachada mediterránea (Turia, Mijares) o de primavera (ríos de la meseta: Guadiana).

* el relieve: el segundo factor a considerar puesto que es el responsable, en primer lugar,  de la organización de las cuencas vertientes . Entre ellas existe una gran disimetría: y es que a pesar que la longitud de las costas mediterránea y atlántica son bastante similares, los ríos que vierten al Atlántico drenan el 70% de la superficie peninsular en tanto que los mediterráneos sólo drenan el 30%. En segundo lugar, el relieve es el causante de una línea divisoria de aguas que pasa muy cerca del Mediterráneo describiendo un arco con la concavidad vuelta hacia el Atlántico donde vierten los grandes colectores (Duero, Tajo –el más largo- Guadiana, Guadalquivir); sólo el Ebro, encajado en la depresión, con una entidad similar vierte al Mediterráneo. Además los ríos que vierten hacia el Atlántico han de salvar pendientes poco pronunciadas lo que les permite regularizar el caudal; por el contrario, los ríos cantábricos y los mediterráneos al tener que salvar grandes desniveles desarrollan una gran capacidad erosiva.

La propia organización tectónica dentro de las cordilleras es la responsable del diseño de las cuencas hidrográficas: adquieren una disposición dendrítica en los afluentes pirenaicos del Ebro o una disposición longitudinal en los afluentes de la margen derecha del Tajo; otras veces se encajan en fallas tectónicas: caso de los Arribes del Duero o el Tajo en la penillanura extremeña.

La propia topografía facilita la alteración de los ríos y sus ecosistemas con la creación de grandes infraestructuras hidráulicas que aprovechan las angosturas que atraviesan éstos. En menor medida, el relieve es también responsable de formación de lagos y  lagunas.

* la litología: el sustrato rocoso es considerado otro factor a tener en cuenta pues el tipo de roca sobre la que discurre el agua puede favorecer la escorrentía superficial (caso  de las arcillas) o facilitar la infiltración y las escorrentías subterráneas (caso de las calizas). En otros casos la disposición de estratos favorece la formación de acuíferos o grandes depósitos de agua subterránea (acuífero central del Duero tiene unos 45.000 Km2) delimitados por capas impermeables a través de las cuales fluye poco a poco el agua alimentando fuentes, lechos fluviales o descargando directamente en el mar.

* la vegetación: es un factor clave pues contribuye a la regularización del caudal, sobre manera cuando el manto vegetal es tupido; en la actualidad, como la cubierta vegetal está fuertemente antropizada el papel protector de ésta ha disminuido sensiblemente. Así el balance hídrico de muchos cursos fluviales ha empeorado porque ha disminuido la protección del suelo frente a la radiación solar y a la evaporación. En los tramos de cabecera donde los bosques y, en general, la vegetación están en mejor estado el manto vegetal constituye una esponja que, junto a los acuíferos, alimenta permanentemente los lechos fluviales.

2.- CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS RÍOS PENINSULARES.

Teniendo en cuenta la particular interacción de los factores antes citados podemos señalar las siguientes particularidades de nuestros ríos según vertientes:

* ríos de la vertiente cantábrica: son cortos por la proximidad de la cordillera al mar; además nacen en altitudes en torno e incluso por encima de los 2000 metros por lo que han de salvar un gran desnivel entre su lugar de nacimiento y el nivel de base. Como además nacen y discurren por espacios de abundantes precipitaciones, desarrollan una gran fuerza erosiva. Sus intensos caudales han cortado enérgicamente el relieve, originando profundas gargantas y desfiladeros que conforman algunos de los paisajes fluviales más espectaculares (Sella y Cares). Por otra parte, salvo en sus tramos de cabecera donde presentan alimentación mixta, tienen régimen pluvial oceánico.

* ríos de la vertiente mediterránea: a excepción del Ebro, los ríos mediterráneos son cortos, -más cortos los de la Penibética que los del Sistema Ibérico- salvan pendientes acusadas y soportan lluvias irregulares, de carácter torrencial en ocasiones y con un manto vegetal escaso o raquítico. En consecuencia desarrollan también una gran fuerza erosiva originando tajos como el de Ronda o cuchillos como las Hoces del Cabriel. Presentan régimen pluvial mediterráneo con marcado estiaje que da lugar en los ríos de menor entidad a cauces secos conocidos como torrentes, ramblas o rieras. Son, además, los ríos más afectados por obras hidráulicas tanto para prevenir avenidas y regularizar su caudal como para canalizaciones destinadas a usos agrícolas y turísticos (trasvase Tajo-Segura).

Capítulo aparte lo constituye el Ebro: río más caudaloso de la Península por la superficie de cuenca tan extensa y los numerosos afluentes que recoge (cantábricos, ibéricos y, sobre todo, pirenaicos). Desde su nacimiento en Fontibre hasta su desembocadura en Tortosa es el río que presenta un régimen más complejo: pluvio-nival en su nacimiento, pluvial mediterráneo al atravesar el inicio de la depresión y nivo-pluvial al recibir los aportes de sus tributarios más importantes (Aragón, Gállego, Segre).

* ríos de la vertiente atlántica: son los ríos más largos pues –salvo el Miño y el Guadalquivir- nacen en el Sistema Ibérico. Su perfil describe una doble hipérbole y al atravesar las cuencas sedimentarias atenúan su poder erosivo dando lugar a valles muy abiertos pero poco profundos. No así cuando, por el oeste, se enfrentan a las penillanuras graníticas abriendo entonces imponentes tajos como Monfragüe (Tajo) y los Arribes (Duero). Como se ha señalado, el Miño tiene un régimen pluvial oceánico en tanto que el Guadiana lo tiene pluvial mediterráneo. Duero y Tajo presentan una dinámica algo más compleja desde su cabecera (entre los 1800-2000m, pluvio-nival) a su desembocadura (netamente pluvial ).Finalmente, el Guadalquivir presenta una dinámica compleja: en Cazorla, donde nace, presenta régimen pluvio-nival atenuado que se hace netamente pluvio-nival por los aportes del Genil que llegan de Sierra Nevada.


3. LA  PROBLEMÁTICA DE LOS RECURSOS HÍDRICOS EN ESPAÑA.

3.a. Necesidad y disponibilidad de agua: los usos del agua en España.

El agua es una pieza clave en el desarrollo social y económico de un país. Dos son los factores que han disparado el consumo de  agua en España: las transformaciones socioeconómicas desde el periodo desarrollista y el incremento de la población hasta más de 41 millones actuales. Siendo la disponibilidad de agua la misma, la demanda, sin embargo, se ha disparado. Los sectores que más intensamente consumen este recurso son estos:

  • usos agrarios: constituye el capítulo de mayores consumos, pues más del 80% del agua consumida  en España se destina al sector agrario, especialmente al riego. El riego combate la escasez y la irregularidad de las precipitaciones al tiempo que ha transformado cuantitativa y cualitativamente el campo español. Se trata de un consumo consuntivo pues implica graves pérdidas por evaporación, mal estado de las infraestructuras, etc. Son los regadíos intensivos –asociados a los policultivos hortofrutícolas- los que más agua consumen, seguidos de los regadíos extensivos –cereales, tubérculos, cultivos industriales- y en último lugar las explotaciones ganaderas.
  • abastecimientos urbanos e industriales: aproximadamente se reparten un 13% y un 7% del consumo total. Se trata también de consumos consuntivos y se han disparado conjuntamente el proceso de industrialización y urbanización. El cambio en los hábitos de higiene, la mayor calidad de vida , la mayor exigencia del bienestar, las formas de vida urbanas han acrecentado hasta tal punto el consumo, que en la actualidad se aproxima a los 400 litros por habitante y día ocupando España el 2º lugar en consumo per cápita.
  • Usos energéticos: se trata de un uso no consuntivo que, asociado al lento proceso industrializador, se acrecienta desde finales del siglo XIX con la finalidad de producir energía para abastecer a las ciudades y a la industria. Al permitir las líneas de alta tensión transportar la energía a largas distancias, las principales centrales hidroeléctricas se encuentran en lugares de condiciones geológicas óptimas, allí donde los ríos se encajonan o deben de superar fuertes pendientes. Poco más de 20 grandes centrales hidroeléctricas proporcionan al país más del 50% de la potencia hidroeléctrica. Destaca, a nivel nacional, el complejo que se encuentra en las Arribes del Duero.

3.b. La desigual distribución de los recursos y sus causas.

En su conjunto, España dispone de un balance favorable entre recursos hídricos y demanda; se habla entonces de superávit para atender las demandas  presentes y futuras. Sin embargo, los contrastes climáticos –con precipitaciones irregulares tanto estacional como interanualmente- explican la desigual distribución de los recursos entre cuencas hidrográficas y- en consecuencia- entre comunidades autónomas.

Por este motivo se han hecho necesarias infraestructuras hidráulicas –embalses- destinadas al almacenamiento del agua, Aún así sólo algunas cuencas siguen presentando un balance hídrico favorable: son las del Norte, Duero, Tajo y Ebro. Presentan balances equilibrados el Pirineo Oriental, el Guadiana y el Gualdalquivir.  El resto, es decir, los ríos levantitos y los derrames penibéticos al Mediterráneo presentan déficits más o menos acusados. El hecho es particularmente grave si pensamos que se eje levantino-mediterráneo constituye una pieza clave del entramado económico y territorial del país (por sus altas densidades de población, sus regadíos intensivos, su demanda turística, su industria…).

3.c. La política hidráulica como vía de solución.

De ser fácil se impondría gestionar recursos mal distribuidos de forma eficaz mediante políticas hidráulicas capaces de atender tanto las particularidades territoriales como los intereses claramente contrapuestos de todos los afectados. Aunque el problema del agua es una cuestión de estado, son más de 15 años intentando una solución global a través de varios proyectos  denominados siempre Plan Hidrológico Nacional (PHN) que no han encontrado el consenso necesario entre comunidades autónomas, partidos políticos, sindicatos agrarios y entidades ciudadanas.

En general el PHN tiene como objetivos aumentar los recursos disponibles, prevenir inundaciones, mejorar la calidad del agua, favorecer el ahorro y la reutilización e impulsar la investigación. Prevee una serie de obras e infraestructuras básicas de costosa financiación (embalses, canales, estaciones de bombeo y trasvases, siendo éste siempre el problema de más difícil solución). Los trasvases son transferencias de agua de cuencas excedentarias a cuencas deficitarias. En la actualidad funcionan cerca de 40, siendo el más destacado el Tajo-Segura. El caso del  trasvase del Ebro es el más llamativo por dilatado y por conflictivo: ni siquiera las compensaciones a establecer para las comunidades que cedan agua acalla una fuerte oposición social al mismo; pero dentro de una misma confederación, e incluso dentro de una misma comunidad autónoma el conflicto está siempre latente (Esla-Carrión).

En otros casos, el déficit se palía mediante la explotación de lagos a o acuíferos; los primeros pera producir energía y los acuíferos para  usos agrarios, industriales e incluso urbanos. Pero no siempre su utilización es viable: la sobreexplotación lleva a la descarga del mismo y en las zonas costeras a la creciente salinización de las aguas debido a la intrusión marina.

En ocasiones, la investigación permite, mediante la desalinización del agua marina, el aprovechamiento de ésta para usos urbanos, especialmente en zonas como Murcia, Ceuta y Canarias. Y en otros casos para mejorar la calidad del agua mediante las plantas potabilizadoras y depuradoras. Las primeras tratan las aguas que van a ser consumidas; en el segundo, se tratan las aguas residuales (urbanas, ganaderas, industriales) para evitar la contaminación de suelos, ríos y acuíferos. Las exigencias de la U. E. para depurar las aguas obligan a las localidades de más de 10.000 habitantes a depurar totalmente sus aguas a través de estas plantas.

3.d. Uso y problemática del agua en Castilla y León.

 

El balance hídrico de nuestra región (que es casi lo mismo que decir el balance de la Confederación Hidrográfica del Duero) es claramente favorable. De la misma manera que en el resto del país, en nuestra región los mayores consumos de agua se los lleva el campo, donde en las dos últimas décadas han aumentado considerablemente los regadíos extensivos (cereal, maíz, forrajes y cultivos industriales). El desarrollo de la ganadería intensiva ha disparado también este consumo. Los consumos urbano-industriales y el agua destinada a la producción energética (Arribes del Duero, Ponferrada, Guardo)  constituyen los otros dos capítulos. En consecuencia se han venido desarrollando grandes obras hidráulicas, entre las que destacan los embalses –por lo general en la cabecera de los ríos, salvo los del Duero en Zamora y Salamanca-  destinados a saciar la sed creciente de nuestra comunidad.

Los problemas del agua se refieren tanto a la calidad como a la demanda. En general, la calidad de las aguas en nuestra región es aceptable tanto la de los ríos como la de los acuíferos; un bioindicador de la calidad ambiental de nuestros ríos se refiere a la presencia de salmónidos, si bien es cierto que siempre menor que hace unas décadas, pues tanto sólo en las cabeceras de los ríos  la calidad es francamente apreciable; allí donde se concentra la población -y las actividades humanas asociadas a esas aglomeraciones –  la calidad de las aguas y el estado de nuestros ríos se degrada.

Los principales problemas derivan de la contaminación producida por los vertidos de aguas mal depuradas procedentes de las industrias, de las aglomeraciones urbanas y de las actividades agroganaderas. Los ríos más afectados son el Sil, el Pisuerga,el Carrión, el Bernesga, el Tormes y tramos medios del Duero. Se ha elaborado un Plan Regional de Saneamiento que propone la depuración total de las aguas incluso para las poblaciones mayores de 2000 habitantes, reducir la contaminación agraria, asegurar el caudal ecológico y recuperar los tramos más contaminados de los ríos; también actuar en poblaciones afectadas por avenidas y riadas.

Las aguas subterráneas padecen problemas de sobreexplotación en la cuenca central del Duero por las extracciones  agrarias para el riego. La calidad es, en general, buena salvo problemas puntuales por nitratos, pesticidas y contaminación difusa de origen ganadero. El caso de los humedales ha sido peor; tan sólo han sido inventariados en el año 2000, cuando ya muchos de ellos eran difícilmente recuperables y sólo gozan de buena salud aquellos de mayor entidad y de gran reclamo turístico (Villafáfila, La Nava).

Las demandas de agua de la población para el uso doméstico están sólo garantizadas al 95% pues unas 200 localidades, especialmente en el SO de la región, padecen escasez a finales de verano cuando la llegada de los no residentes habituales dispara la demanda. Dotar de infraestructuras de abastecimiento, sustituir los sistemas de riego poco eficaces y evitar las pérdidas por malos usos agrarios son algunas herramientas propuestas para combatir la insuficiencia.

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