LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES


1.- FACTORES DETERMINANTES DE LOS PAISAJES VEGETALES ESPAÑOLES.

El manto vegetal alcanza en España una gran variedad producida por la conjunción clima / relieve; a ello hay que añadir la fuerte intervención humana pues salvo el 10% de la superficie peninsular (áreas del sureste, altas cimas, pedregales, arenales, saladares, tremedales…) , es decir al 90% le corresponderían formaciones arboladas. Hoy, sin embargo, ni siquiera un 20% de esa potencial superficie forma masas arboladas.

Además, la mayoría de nuestros bosques están hoy formados por especies introducidas por el hombre, bien trasladadas desde otras partes de nuestra geografía, bien introducidas desde fuera (especies alóctonas). En consecuencia, al ser fruto de intervenciones antrópicas no deben de ser considerados como bosques sino como cultivos forestales, con un cortejo vegetal y dinámica bien distinta.

Los factores que explican mejor esta fuerte antropización y la disminución del arbolado son los siguientes:

-unas actividades agroganaderas que por su carácter milenario, su intensidad y su extensión han limitado el desarrollo de formaciones arboladas además de alterar los horizontes más superficiales del suelo;

-el desarrollo de áreas urbanas, industriales y todo tipo de infraestructuras (ferroviarias, autovías, embalses, de ocio…);

-un problema secular en los países mediterráneos: el fuego (bien por negligencias, especulación urbanística, creación de pastos, de espacios para la caza…)que se ha convertido en un grave problema difícil de combatir.

A pesar de todo, el segundo elemento que mejor define la vegetación española,  es la variedad vegetal. Aquí hemos de considerar la situación y la amplitud ecológica peninsular, además de la especificidad canaria; de esta manera la singularidad y la riqueza florística radica en las más de 6000 especies vegetales distintas. Esta enorme riqueza se debe al carácter de encrucijada de nuestros territorios bajo la influencia de dominios climáticos bien diferentes (oceánico, mediterráneo, subtropical canario).

Además, la altitud – con sus alteraciones de temperatura y de precipitaciones – da lugar a estratificaciones propias de las áreas montañosas, en pisos de vegetación, cuyo cambio más apreciable es la ausencia de vegetación arbórea por encima del techo forestal (1600 a 2200 metros según montañas). La exposición de las vertientes a la mayor o menor insolación (solana / umbría), a la mayor o menor frecuencia de las perturbaciones ( barlovento / sotavento) así como la naturaleza del roquedo (silícea, caliza y arcillosa) explican formaciones vegetales a escalas menores.

Regiones florísticas de España

Así pues, la situación de la Península como extremo (de Eurasia) y puente (enlace con África) a la que hay que añadir cierto carácter de aislamiento, que le confiere la disposición periférica del relieve, explica la diferenciación florística que sitúa a nuestro país como el de mayor número de endemismos del continente europeo.

A gran escala, todos los territorios españoles tanto peninsulares como insulares forman parte del reino Holoártico (al norte del Trópico de Cáncer) que a su vez está dividio en 11 regiones florísticas de las que 3 forman parte de nuestro país:

-región EUROSIBERIANA que incluye la España atlántica y las montañas fresco-húmedas;

-región MEDITERRÁNEA que incluye el resto de España así como las montañas más meridionales; y

-región MACARONÉSICA que incluye el archipiélago de las Canarias.

2.- LOS PRINCIPALES DOMINIOS VEGETALES ESPAÑOLES.

 

2.a. El dominio vegetal latitudinal de la España atlántica.

 

Incluye las formaciones vegetales arbóreas y arbustivas (climácicas y de sustitución) de los dominios templados oceánicos y frecos-húmedos de montaña (cantábrica, pirenaica, galaico leonesa, ibérica, central y costero catalana). Vamos a distinguir el bosque caducifolio y las landas.

Robledal, carballeda (Quercus robur).

El bosque caducifolio: recibe otras denominaciones, como bosque ombrófilo (por su querencia a la humedad) o bosque de planifolios (por la disposición foliar del ramaje). Alcanza los 25-30 m. de altura y destaca por su frondosidad, llegando al pie del bosque , en ocasiones apenas el 10% de la luz) por lo que el cortejo arbustivo es raquítico y aparece sobre todo en los lindes y claros de los mismos. De menor entidad es el cortejo herbáceo que suele aprovechar la luz y la bonanza térmica de principios de la primavera y del otoño. Su hoja cae en otoño (excepto las del acebo y las del tejo) y se descompone con gran facilidad originando un horizonte superficial muy rico en humus.

Tienen cierta tendencia a formar masas monoespecíficas aunque en ocasiones forman bosques mixtos. Destacan hayedos y robledales.

Robledales: difícil formando masas donde domina el carballo o carbayu, es más fácil encontrarlos mezclados con hayas y otros robles e incluso castaños; ocupan los robles pisos más bajos que el haya por su menor tolerancia al frío; son también menos exigentes en humedad ambiental. Su cortejo florístico está compuesto por avellanos, tilos, arces, fresnos, acebos y serbales. En la actualidad están muy mermados al ocupar suelos por los que historicamente han competido la agricultura y la ganadería cantábrica; además tiene poco interés para la población rural pues se han perdido muchos de los usos tradicionales de su madera y los turnos de corta superan los 150 años, por lo que carece de interés económico en las repoblaciones. Uno de los árboles sagrados en la mitología de los pueblos celtas y de otras religiones paganas.

Hayedo. Selva de Irati (Navarra)

Matorral de montaña. Landa cantábrica.

Hayedos: frecuente formando masas monoespecíficas, destacan los hayedos cantábricos y los pirenaicos (donde aparecen mezclados con abetos: hayedo/abetal); otros núcleos en Urbión, Moncayo, Demanda, Somosierra y el Montseny. El cortejo florístico es muy parecido al de los robledales, aunque el haya siempre ocupa estratos superiores al estar mejor adaptado al frío y al ser más exigente en humedad ambiental. Además de los citados, también se acompaña de tejos y, en zonas más altas, de abedules, árbol éste que puede formar importantes bosquetes por encima de las hayas. El sotobosque puede incluir arándanos y  acebos. De buena madera es un bosque que presenta interés económico pues los turnos de corta son de 80 a 100 años, lo que les hace indicado para repoblaciones.

La landa: constituye la formación arbustiva, de sustitución, que aparece allí donde el bosque caducifolio no prospera o ha sido degradado. Es un matorral perennifolio con hojas muy pequeñas o inexistentes y acompañado, a veces, de herbáceas y helechos. Entre los matorrales predominan los brezos o urces, los tojos y los piornales además de helechos y arándanos. Forman un tapiz bajo, siempre verde que en la alta montaña se sitúa por encima del piso forestal. (Piornales, escobonales, brezales…).

Otra formación característica son los prados: espacios donde domina la vegetación herbácea y que son el resultado de la intervención humana para crear espacios dedicados a la ganadería; se han extendido a expensas de las formaciones caducifolias originales.

2.b. Los dominios vegetales latitudinales de la España mediterránea interior y costera.

Al incluir este dominio espacios de características tan dispares nos encontramos con una gama de formaciones vegetales más variadas. No obstante algunas características comunes permiten identificar aquellas formaciones que podemos agrupar como bosque mediterráneo. Las formaciones arbustivas de sustitución más extensas son las maquias y la garriga.

Monte mediterráneo denso. Encinar (Quercus ilex).

El bosque mediterráneo: recibe también el nombre de bosque esclerófilo, perennifolio y durisilva. De todas, la especie más extendida es la encina y por ello el encinar la formación vegetal de mayor recorrido pues están prácticamente presentes en toda la geografía peninsular (desde lugares con isoterma 5 a 18ºC o isoyetas de 300 a 2000 mm o en cualquier tipo de sustrato rocoso) ; se concentran, no obstante, en las penillanuras del SO y escasean en el N y en el SE (aunque por razones bien distintas). Completa y/o complementa la durisilva el alcornoque, especie más exigente en humedad y menos tolerante al frío por lo que su presencia está mucho más restringida: el alcornocal está extendido por el SO de la Península (de Extremadura a Málaga) y por el NE (Barcelona y Gerona) además de sierras levantinas(Castellón y Valencia). En Castilla y León en SO de Salamanca y en El Bierzo.

El monte mediterráneo no es muy alto, pues no sobrepasa los 20-25 m de altura. Toda su morfología, y particularmente la del encinar, es una adaptación a la aridez estival característica del clima mediterráneo: las hojas son duras, pequeñas, coriáceas, espinosas y con copas amplias y gruesa corteza; estrategias todas orientadas a mantener el máximo de humedad e impedir la evaporación.

Su cortejo arbustivo es también perennifolio y el monte, en su conjunto, crece lentamente alcanzando su techo por encima de los 300 años, en ocasiones llegando a los 7-8 siglos. Produce biomasa de forma moderada formando su materia un manto que se descompone lentamente; su hoja se renueva permanentemente y se mantiene entre 2 y 4 años en las ramas.

Sus usos son muy variados: leña y carboneo por su potencial calorífico; buena madera, dura y resistente para carrocería, ruedas y aperos agrícolas; bellotas para la montanera del cerdo ibérico; al acoger gran cantidad de fauna se aprovecha cinegéticamente. Son de destacar los encinares y alcornocales adehesados o en monte hueco, conformando sistemas mixtos agroganaderos de carácter extensivo. Mención especial para el aprovechamiento del corcho del alcornoque.

El encinar interior o carrascal: en el interior peninsular, como el clima se continentaliza, se asienta una subespecie de encina que comúnmente llaman carrasca: alcanza toda la Meseta, el valle del Ebro y el interior del valle del Guadalquivir y está muy bien adaptaba al rigor del invierno. No así su cortejo arbustivo que varía según los rasgos climáticos encontrándose especies muy dispares: enebros, piornos, estepas, cantuesos y tomillos en el Duero frente a jaras, acebuches, durillos, madroños, aladiernos o mirtos en las sierras extremeñas, del Tajo y del Guadiana, donde las condiciones son más termófilas.

Matorral mediterráneo. Maquia.

El encinar costero o provenzal se desarolla a partir de otra subespecie menos tolerante al frío, sobre bordes litorales del Mediterráneo desde el Llobregat a la Provenza francesa (de ahí su denominación) aunque penetra en enclaves favorables del Ebro y del Levante. Aparece muy asociada al alcornoque por su misma querencia termófila. El cortejo arbustivo incluye especies como el durillo, el madronño, el lentisco y la coscoja, además de trepadoras (madreselva, zarzaparrilla, clemátide..) .

Las formaciones sustitutivas del monte mediterráneo aparecen allí donde éste se degrada por aridez excesiva, tala, usos pastoriles abusivos o incendio. Se denominan maquia y garriga.

La maquia es un matorral persistente y perennifolio de entre 1´5 y 2´5 metros de altura, allí donde puede ocultarse una persona. Forma un tapiz a veces discontinuo y de corte xerófilo que reúne arbustos como el acebuche, el romero, la adelfa o la jara. Cuando se continentaliza aparecen enebros, tomillos, espartos o cantueso.

Matorral mediterráneo. Garriga.

La garriga es también una formación arbustiva pero asociada al encinar costero o provenzal y que se desarrolla cuando éste y su microclima umbroso han sido degradados; dan entonces lugar a plantas heliófilas como la coscoja, las jaras, los romeros y otras plantas aromáticas.

Entre las Béticas y el Mediterráneo, en Murcia y Almería con aridez superior o igual a 5 meses y precipitaciones muy escasas, se desarrolla otra formación arbustiva llamada espinal murciano-almeriense: arbustos de escaso porte y hojas muy pequeñas que a veces se reducen a espinas (espino negro, cambrón) y plantas de procedencia norteafricana (el palmito, la sabina mora).

Marcescencia. Rebollar o melojar (Quercus pirenaica).

Un caso aparte lo constituye el bosque marcescente. La marcescencia es un rasgo de algunas especies caducifolias pero que no terminan de perder la hoja hasta principios de marzo, (de ahí su nombre) manteniendo buena parte de la misma, ya seca, durante el invierno. No son bosques mediterráneos ni atlánticos sino que se dan en espacios de transición entre ambos climas y por tanto se encuentran presentes en lugares frescos y subhúmedos, soportando una aridez estival de 2-4 meses. Se extienden por los bordes montañosos de las cordilleras peninsulares  y en las altas tierras de la Meseta así como en las penillanuras del Oeste. Sus árboles más representativos son dos especies de robles más rústicos que los del clima oceánico: el rebollo o melojo (más cercano al clima oceánico y predomiando por tanto en la mitad norte y occidental) y el quejigo (llamado roble enciniego, más termoófilo y más cercano al clima mediterráneo y con predominio, por tanto, en las montañas del este y sur peninsular).

El cortejo arbustivo es similar al de los espacios donde se encuentran estas masas, que por lo demás, suelen aparecer formando bosques mixtos entre ellos o bien con encinas y alcornoques (lo que confirma precisamente ese rasgo transicional). Al extenderse preferentemente sobre los altos páramos y los bordes montañosos y ocupar tierras marginales para el uso agrícola fueron descuajados para acometer repoblaciones salvajes durante los años 50 (Valderaduey-Cueza, por ejemplo) con pinos maderables. Sus troncos poco rectilíneos y la importación de robles de crecimiento rápido no les hacen interesantes desde el punto de vista económivo. En condicones más continentales, al reducirse la precipitación el rebollar alcanza un pequeño porte por lo que se le denomina monte bajo. No obstante quedan algunos bosques en buen estado en Castilla y León (El Rebollar, Salamanca).

2.c. Las modificaciones introducidas por la montaña.

Las claves para entender la vegetación de montaña se encuentran en las modificaciones que introduce la altitud y la orientación de las vertientes. Además de aumentar las precipitaciones (lluvias orográficas)  y disminuir la temperatura (gradiente térmico), la orientación de las vertientes puede modificar localmente la cuantía de las precipitaciones (barlovento/ sotavento) y las tasas de insolación (umbría/ solana).

Lo que nos encontramos en la montaña son una serie de asociaciones vegetales que se suceden como consecuencia de los cambios climáticos que introducen altitud y orientación originando pisos bioclimáticos; tales asociaciones se llaman cliseries o vegetación clímax. Ni que decir tiene que esta vegetación climácica está alterada por la actividad humana pero aún así

es posible señalar algunos rasgos generales que diferencian unas montañas de otras. Los pisos que forman las cliseries varían de unas montañas a otras en base al clima y a la latitud.

Común a todas ellas son los umbrales térmicos que muchas plantas no soportan; así por ejemplo existe un techo forestal, a partir del cual no prosperan ya los árboles, que dejan paso al matorral y landas de montaña que, a su vez, son sobrepasados por los herbazales de alta montaña (buena parte del año bajo el manto de nieve).

La montaña eurosiberiana es la propia del N peninsular y enclaves favorables de Catalánides, Ibérica y Central. En ella la vegetación se organiza esquemáticamente de la siguiente forma:

Piso colino (500-1000 m): de clima suave y oceánico con bosques planocaducifolios (Robledal con fresno, tilo, arce, castaño…).

Piso montano (1000-1600 m): de clima fresco-frío y húmedo con bosques planocaducifolios (roble, hayedos, hayedo/ abetal, serbal, abedul; marcando el techo forestal,  abedules, pino silvestre, pino negro).

Piso subalpino (+ de 1600 m): clima frío de montaña, frecuentes nevadas (landa de matorrales, pastizales, herbazales).

Piso alpino (+ de 2000 m): clima de alta montaña con varios meses de permanencia de la nieve, (herbazales de alta montaña, roca desnuda).

Estos pisos corresponde a laderas de orientación N. En laderas orientadas al S pueden aparecer rebollos, quejigo y encinas.

La montaña mediterránea          más termófila incluye especies no eurosiberianas; si acaso algunos robles marcescentes en laderas orientadas al N. Esquemáticamente sus pisos se organizan de la siguiente forma:

Piso termomediterráneo (hasta los 500 m): de clima mediterráneo cálido destaca el encinar; allí donde la humedad lo permite aparece el alcornocal; en lugares más secos se desarrolla  maquia arbustiva.

Piso mesomediterráneo (400-800 m): además de los bosques perennifolios de encina y/o alcornoque aparecen ya robles marcescentes como el quejigo (de mayor tolerancia al frío y exigencias subhúmedas.

Piso supramediterráneo (800-1800 m): de clima mediterráneo fresco el frío limita al alcornoque; persisten bosques perennifolios y bosques mixtos de quejigos y encinas y ahora también rebollos y enebros o sabinas; también pino silvestre y pino carrasco. En sierras penibéticas, el pinsapo: un abeto mediterráneo. Este piso constituye el techo forestal.

Piso oromediterráneo (hasta los 2500 m): matorral de montaña (enebro, piorno) y pastizales frescos, salvo el verano. Roca desnuda.

Piso criomediterráneo (por encima de los 2500 m): herbazales, gran extensión de roca desnuda.

2.d. Otras formaciones vegetales.

Aparecen por toda la Península formaciones vegetales que trascienden la clasificación anterior pues responden a hechos y condiciones ciertamente singulares; son los bosques de coníferas y los bosques de ribera.

Pinar de Lillo (León). Pinus silvestris

 Los bosques de coníferas: su distribución responde básicamente a la intervención humana y son más bien cultivos forestales, repoblaciones de valor económico. Son así numerosos los bosques de pino silvestre, carrasco, piñonero, resinero y negral si bien es cierto que en algunos casos aparecen como formaciones naturales. La mayoría de ellos tiene un gran recorrido ecológico por lo que se utilizan en numerosas estaciones forestales.

Ribera del Torío (León).

Conviene, sin embargo, resaltar algunas coníferas de alto interés ecológico que forman bosques o rodales que se conocen –según el grado de dominancia de la especie- como tejedas, abetales (querencia por las montañas frescas septentrionales), sabinares, enebrales (en espacios de montaña continental) y pinsapares (montaña mediterránea). Son todas ellas especies perennifolias.

Los bosques de ribera: están presentes en todos los cursos de agua permanente de la Península (en las islas los cursos son de escasa entidad y recorrido) y no dependen tanto de las precipitaciones sino de la humedad del suelo. En ocasiones reciben también el nombre de bosque-galería: en los tramos donde el lecho fluvial es estrecho y los árboles de las orillas llegan a formar una bóveda sobre el agua. Alcanzan un gran desarrollo tanto en altura (distinguiéndose varios estratos) como en anchura (bandas de vegetación). Son bosques pluriespecíficos y caduciflios.

Sobre las orillas se asientan arbustos y árboles muy bien adaptados a la inundación periódica (sauces y alisos); hacia el exterior se instalan especies con menos exigencias hídricas como el fresno, el chopo, el álamo y el olmo. A veces de forma natural, a veces por selección, aparecen masas monoespecíficas (así fresnedas, alisedas, saucedas, olmedas, alamedas… muy frecuentes en la toponimia española. En la actualidad las choperas son consideradas cultivos forestales).

Esta es una reconstrucción clímax que puede alcanzar su máximo desarrollo en el curso medio-bajo del río, en las llanuras aluviales y vegas de inundación. En ocasiones desarrollan un rico cortejo de arbustos, lianas y trepadoras dando lugar a sotos y espesuras. Los ríos propiamente mediterráneos (salvo el Ebro) forman bosques riparios en base a caudales estacionales, apareciendo así especies bien adaptadas a la sequía como el tamarindo, la adelfa o el tamujar.

2.e. La vegetación de las islas Canarias.

Monteverde: PN de Garajonay (La Gomera)

Situadas en la región macaronésica constituyen un mundo aparte cuya originalidad se debe a su localización subtropical, al relieve y a la influencia del alisio sobre las laderas húmedas de barlovento.

Los endemismos son muy numerosos y muy abundante la vegetación relicta, aquella que ha quedado como muestra de los bosques terciarios que cubrieron estas latitudes.

Como promontorios que son, las islas organizan su vegetación en pisos bioclimáticos o altitudinales que nada tienen que ver con las montañas ibéricas. Destacan esquemáticamente:

Piso basal(hasta los 800 m): de aridez pronunciada, donde predominan matorrales ásperos y dispersos (vegetación xerófila)  como el cardón y la tabaiba. Por encima aparecen especies como el drago, la palmera o la sabina algo más exigentes en humedad.

Piso montano: (entre 800-2000 m): en las islas que sobrepasan esta altitud, el alisio  –al trepar por las laderas- refresca el ambiente y lo humedece bajo el llamado mar de nubes con gran importancia de las precipitaciones invisibles. Así aparece una formación, la laurisilva llamada también monteverde, un bosque relicto, pluriespecífico pero con dominancia de lauráceas, helechos y endemismos como el acebo o el madroño canarios. Cuando se degrada la laurisilva aparece una formación llamada fayal/ brezal. Por encima del mar de nubes, cuando el clima empieza a enfriar y hacerse más seco (entre los 1500-2000m)  nos encontramos con bosques de pino canario.

Piso de alta montaña (por encima de los 2000m): solo está presente en las islas de Tenerife y la Palma y en él predomina el matorral arbustivo de alta montaña, que adopta, a menudo formas almohadillas como estrategia se supervivencia en medios ya muy adversos. Los herbazales y la roca desnuda completan el panorama.

3.- LA DIVERSIDAD BIOGEOGRÁFICA DE CASTILA Y LEÓN.

Por tener una gran extensión, esta comunidad autónoma guarda un rico mosaico de conjuntos biogeográficos, resultado del relieve, del clima y de la acción antrópica; lejos de ser esta una comunidad homogénea a pesar de una primera apariencia. Y es que en ella encontramos un buen número de matices que originan, dentro de los grandes conjuntos biogeográficos, espacios propios de las zonas de transición.

La cuenca sedimentaria del Duero: es el espacio más degradado por los usos agroganaderos ya milenarios. La vegetación potencial la constituye la encina, bien adaptada a los rigores climáticos y a la continentalidad. Ocupa aún numerosos páramos y cuestas y ha perdido presencia en las campiñas. Por varias razones (pastoreo abusivo, continentalidad…)es sustituida por una formación arbustiva llamada carrascal. En otros lugares (Tierra de Pinares, al sur del Duero) ha sido sustituida en favor de pinos (piñonero, resinero).   En los bordes fluviales nos encontramos bosques de ribera (aliso, sauce fresno, chopo, álamo, olmo…) que solo encuentran buen desarrollo allí donde no han sido sustituidos por cultivos o por choperas.

En los piedemontes, la zona de transición entre la cuenca sedimentaria y los rebordes montañosos, se instalan –según orientación de las vertientes- rebollares (marcescencia), encinares ( perennifolios) y matorrales de sustitución que según condiciones locales forman tomillares, retamares o escobonales, jarales y brezales.

En las penillanuras del oeste dominan encinares adehesados que, en ocasiones, pueden formar bosques mixtos con rebollos y/ o quejigos. En situaciones también muy particulares se mezcla con alcornoque (SO de Salamanca y algunas sierras bercianas). La degradación de estos espacios origina jarales y escobonales.

En las montañas es donde los bosques están mejor representados, ocupando la orla altitudinal entre los 1000-1600 metros. En base a la variedad de dominios de montaña de nuestra comunidad autónoma nos encontramos con numerosos tipos:

bosques caducifolios en la montaña más húmeda de la C. Cantábrica y de los Montes de León (castaños, robledales y/o hayedos); estos últimos también en umbrías del Sistema Ibérico.

Sabinares en los altos páramos sorianos, el S.Ibérico e incluso en el sector oriental de la C. Cantábrica, siempre en condiciones de mayor rigor climático.

Rebollares y quejigares en toda la orla de transición oceánico-mediteránea, tanto en el S. Central como en las estribaciones de la C. Cantábrica o del S. Ibérico.

Pinares, bien como bosques (Pinar de Lillo, Sierra Pinariega de Burgos y Soria) bien como repoblaciones madereras  (Valsaín, Segovia). El pino silvestre o de Valsaín marca el techo forestal de nuestras montañas.

Matorrales de sustitución (piornales, escobonales, brezales…) y herbazales constituyen las formaciones vegetales de las altas cumbres y allí donde el bosque se ha degradado.


GUIÓN PARA COMENTARIO DE UNA  CLISERIE DE MONTAÑA.

1.- Una breve introducción para referirnos a la especificidad de la vegetación de montaña:

-explicar las modificaciones que introduce la montaña en base  a la altitud y a la orientación de las vertientes (tanto desde el punto de vista de la insolación (solana / umbría)  como desde el punto de vista de las precipitaciones). Definir entonces solana y umbría, o bien hacerlo cuando se describan las especies que aparecen en dichas laderas. Definir así mismo barlovento  y de sotavento ( bien al principio, bien cuando se describa la vegetación de una y otra vertiente);

-definir el concepto cliserie y dejar claro que en la montaña la vegetación se organiza en pisos de vegetación o bioclmáticos;

-hacer una breve referencia a que los espacios de montaña son los menos antropizados y, en consecuencia, allí se encuentran las formaciones vegetales menos alteradas.

2.- Describir los pisos de vegetación y- si es posible, asignarles unos límites altitudinales y utilizar una denominación específica.

3.- Situar la cliserie en una de las tres regiones biogeográficas señaladas (eurosiberiana, mediterránea y macaronésica) en virtud de las especies que aparecen. No olvidar algunas de las especificidades más comunes: el haya como típica especie eurosiberiana, si aparece mezclado con abeto es sólo de los Pirineos; el encinar es propio de la montaña mediterránea: si aparece mezclado con alcornoque es de climas más suaves (sierras del sur y del litoral mediterráneo) y si aparece junto a robles rebollos y/o quejigos es propia de una zona de transición (oceánica-mediterránea). Si aparecen pinsapos es sólo propio de las Penibéticas. Si aparece la laurisilva y el pino canario, de la montaña canaria. Señalar siempre el techo forestal, es decir el límite entre los árboles y las formaciones de sustitución (aprovechar para explicar este concepto): landas de montañas y su carácter monoespecífico: brezales, escobonales, piornales,….

UN EJEMPLO.

El ejercicio que se presenta muestra una cliserie altitudinal, es decir una sucesión de formaciones vegetales que se dan en los espacios montañosos como consecuencia de las alteraciones que introduce la alitud y que modifica tanto las precipitaciones (lluvias orográficas) como las temperaturas (en base al gradiente térmico o gradiente vertical de temperatura). En Fitogeografía, cada uno de estos pisos de vegetación recibe también el nombre de pisos bioclimáticos.

Aunque hay también cliseries latitudinales, es en la montaña donde mejor se observan estos pisos tanto por ser un espacio más reducido como por estar menos humanizado. La sucesión de especies vegetales no es caprichosa y así observamos que en la ladera o vertiente sur de la montaña cantábrica aparecen encinas y no aparecen robles carballos, que sí aparecen en la vertiente septentrional. La encina es un árbol termófilo que se asienta sobre las solanas donde se registran tasas de insolación mayores; como especie mediterránea tolera bien la sequía y por eso la encontramos en esta ladera que puede ser considerada como de sotavento (la frecuencia de perturbaciones y frentes lluviosos es mayor en el N de la cordillera –en este caso vertiente de barlovento- que en el S). Esta ladera es también más continental, es decir, está menos influida o suavizada por la acción termorreguladora del mar: es más, la cordillera refuerza esa acción suavizadora en el lado norte de la cordillera al tiempo que aísla el lado sur. Así encontramos especies más continentales de robles (rebollos o melojos) en esta vertiente sur pues aguantan mejor los rigores climáticos del invierno y también la aridez estival. Por el contrario el roble carballo se instala en la vertiente norte –en este caso la umbría-  que en la cordillera Cantábrica hemos visto que es más suave: tiene mayores exigencias hídricas y exige inviernos menos duros. He aquí un claro contraste entre los pisos colinos de ambas vertientes. Por cierto, la presencia de estos robles “atlánticos” (el carballo o carbayu) nos indica ya un ámbito claramente eurosiberiano.

La presencia del haya es otra de las claves que permiten confirmar lo anteriormente dicho: el haya es otra especie eurosiberiana y además con una clara tendencia a formar masas monoespecíficas pues se asienta sobre pisos superiores (montano: 1000-1500m) donde la alteración humana es menor al presentar estos niveles suelos menos ricos (al contrario de lo que ocurre en el piso colino) y clima menos suave lo que hace al piso montano menos competitivo con la actividad agraria. Es especie de grandes exigencias hídricas (por eso no aparece en la montaña mediterránea) y tolera mejor el frío que el roble (por eso asciende hasta los 1500m aproximadamente). En muchos casos hayedos y robledales forman bosques caducifolios mixtos y por eso los acompañantes (arce, fresno, tilo, serbal ,acebo, avellano) suelen ser los mismos. El bosque caducifolio de hayas marca, en este caso, el techo forestal.

Por encima nos encontramos con el piso subalpino, allí donde el aire se reseca , el viento azota más las laderas y las cumbres y el frío empieza a limitar la actividad vegetativa de las plantas; en definitiva, las condiciones se hacen rigurosas, extremas y el estrato arbóreo deja paso a los matorrales de alta montaña, una formación vegetal de sustitución que también se denomina landa de montaña. Está formada por matorrales y plantas rastreras, a veces almohadilladas (al soportar varios meses el peso de las nieves) que también tienen tendencia a formar masas monoespecíficas dando lugar a un estrato arbustivo que recibe nombres como piornales, brezales, escobonales… en base a la dominancia de una de estas especies. Por encima, herbazales y roca desnuda.

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